EL EVANGELIO DE BERNABÉ

*La traducción completa en español empieza a partir de la página 261.

El evangelio de Bernabé es el único evangelio escrito por un verdadero discípulo de Jesús (que la paz sea con él). Donde Jesús proclama la unicidad de Dios y anuncia la venida del Profeta Muhammad (saw) por su propio nombre con varias informaciones muy detalladas a lo largo del contenido del evangelio.

Bernabé nació en una familia judía en Chipre. Su nombre era José, y debido a su dedicación a la causa de Jesús, los apóstoles, le habían dado el sobrenombre de Bernabé, este término es diversamente traducido como "hijo de consolación" o "Hijo de la Exhortación".

ÉL era muy devoto y compañero cercano de Jesús (a). La Biblia se refiere a él en el siguiente pasaje : “…Bernabé de Antioquía, el cual, cuando vino y vio la gracia de Dios, se regocijó y animaba a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor; porque era un hombre bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe...” (Hechos 11:22-24)

El Nuevo Testamento de la Biblia consta de cuatro Evangelios (informes sobre la vida y enseñanzas de Jesús) los Hechos de los Apóstoles (que es la historia de los primeros cristianos) y las Epístolas de Pablo, etc.
En su Epístola a los Colosenses (capítulo 4, versículo 10) Pablo describe a Bernabé, de esta manera: "... Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si él viene a vosotros, lo recibe." Aquí Pablo se refiere a los mandamientos de Jesús.

    En los Hechos de los Apóstoles, Bernabé se menciona lo siguiente:

 "Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé, que traducido es, por El Hijo de consolación), levita, y del país de Chipre". (Hechos 4:36).

Bernabé era un predicador exitoso con una personalidad magnética. Su eminencia como un hombre que había estado cerca de Jesús había hecho de él un miembro prominente del pequeño grupo de discípulos en Jerusalén que se habían reunido después de la desaparición de Jesús. Ellos observaron la ley de los Profetas, que Jesús había venido, "no para destruir sino para cumplir" (Mateo 5:17).

La cuestión del origen de Jesús, su naturaleza y su relación con Dios, no se planteó entre los primeros discípulos.  Para ellos, Jesús era un Profeta de Dios aceptado sin lugar a dudas.





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