Nada en las palabras de Jesús o de los acontecimientos en su vida los llevó a modificar este punto de vista. Según Arístides, uno de los primeros apologistas, la adoración de los primeros cristianos era más puramente monoteísta, que de los judíos.

Tal como se recoge en los Hechos en la Biblia, Bernabé representó a los que se habían convertido en seguidores de Jesús. Y debido a la devoción  de sus líderes, su número aumentó muy rápido.
Estos cristianos provocaron la ira de la Iglesia y el esfuerzo sistemático realizado para destruir y borrar todos los rastros de su existencia, incluyendo los libros y las Iglesias de los cristianos monoteístas seguidores de la religión de Jesús.

Sin embargo, la historia nos cuenta que es muy difícil de destruir la fe por la fuerza. Las investigación modernas han sacado a la luz datos curiosos acerca de la evidencia de estos primeros cristianos seguidores de las autenticas enseñanzas de Jesús  y la transmisión de su mensaje que aún se puede comprobar y verificar. Y la Iglesia que se hizo a si misma por aquel entonces y en la actualidad, sigue tratando que las pruebas no salgan a la luz, porque se destaparía la mentira que se traen la Iglesia y los papas desde hace  dos mil años.

Nos damos cuenta de que hasta el siglo 4 DC existió una comunidad conocida como Hypisistarians que se negaron a adorar a Dios como padre.
Se le veneraba como un Todo Poderoso Soberano del mundo, Él era el mayor de todos y no había nadie igual a él.
Pablo de Samasata fue un obispo de Antioquía que era de la opinión de que Cristo no era Dios sino un hombre y un Profeta. Y que sólo se difiere en grados de Profetas que vinieron antes que él y que Dios no podría haberse convertido en el hombre sustancialmente.

Después, nos encontramos con Luciano,  que fue otro obispo de Antioquía. Y como obispo su fama de santidad no fue menos que su fama como erudito. Él se opuso fuertemente en contra de la creencia de la Trinidad porque afirmaba que era una interpolación posterior y no se encontraba en los evangelios anteriores. Fue martirizado en el año 312 DC.

A continuación llegamos al famoso discípulo de Luciano,  Arrio (250-336 dC) que fue un libio de nacimiento.
Pedro Obispo de Alejandría lo ordenó diácono y más tarde fue ordenado sacerdote. Arrio tuvo gran número de seguidores, lo cual se convirtió en un dolor de cabeza para la Iglesia.
Si se le mantenía fuera de la Iglesia, podría ser un gran peligro para ella, pero  a la misma vez no podía tener cavidad dentro de ella , porque él sostuvo  y quería establecer la unidad y la simplicidad de la Dios Eterno. Él creía que Jesús era un Varón Profeta pero que de ningún modo era Dios ni nada que se le podía atribuir con Dios.

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