Satanás y a sus seguidores, los cuales no reverenciaron a aquél a quien Dios quiso que rindieran homenaje. Bendito sea el santo nombre de Dios, Quién creó al hombre del barro de la tierra, y lo envió por encima de Sus obras. Bendito sea el santo nombre de Dios, Quién con misericordia, miró las lágrimas de Adán y Eva, los primeros padres del género humano. Bendito sea el santo nombre de Dios, Quién justamente castigó a Caín, el fratricida, envió el Diluvio sobre la tierra, incendió las tres ciudades perversas, arrasó a Egipto, derrotó al Faraón en el Mar Rojo, dispersó a los enemigos de Su pueblo, castigó a los infieles, y castigó a los impenitentes. Bendito sea el santo nombre de Dios, Quién con misericordia, miró a Sus criaturas, y por lo tanto, les envió Sus santos Profetas, para que pudiesen caminar ante El en la verdad y la rectitud; Quien liberó a Sus siervos de todo mal, y les dio esta tierra, como lo prometió el  a nuestro padre Abrahán y a su hijo por siempre. Luego, a través de Su siervo Moisés, El nos dio esta santa Ley, para que Satanás no nos engañe, y El nos exaltó sobre todos los demás pueblos. Pero, hermanos, ¿qué hacemos hoy, que no somos castigados por nuestros pecados?>>.

Y entonces Jesús, con gran vehemencia, reprendió a las gentes por haber olvidado la Palabra de Dios, y por haberse entregado a la vanidad; reprendió a los sacerdotes por su negligencia en el servicio de Dios y por su ambición mundana; reprendió a los escribas porque predicaban doctrinas varias y abandonaban la Ley de Dios; reprendió a los doctores (de la ley) porque hacían inválida la Ley de Dios a través de sus tradiciones. Y de tal sabia manera habló Jesús a las gentes, que todos lloraron, desde el menor al mayor, pidiendo misericordia a gritos, y solicitándole a Jesús que rezara por ellos; excepto los sacerdotes y líderes, quienes en ese día concibieron odio contra Jesús por haber hablado así él contra los sacerdotes, escribas y doctores. Y ellos meditaron acerca de su muerte, pero por temor a las gentes, que lo habían recibido como Profeta de Dios, no dijeron palabra.

Jesús levantó sus manos al Señor Dios y rezo, y la gente lloraba diciendo: <<Así sea, oh Señor, así sea>>. Terminada la oración, Jesús descendió del templo; y ese día partió de Jerusalén, con muchos que le seguían.
Y los sacerdotes hablaron mal de Jesús entre ellos.

13.    LA MARAVILLOSA DEVOCION DE JESUS Y SU ORACION, Y EL MAGNIFICO CONSUELO DEL ANGEL GABRIEL

Habiendo pasado algunos días, y percibiendo Jesús en su espíritu el deseo de los sacerdotes, ascendió al Monte de los Olivos para rezar. Y habiendo pasado la noche entera en oración, rezando Jesús en la mañana dijo: <<Oh Señor, yo sé que los escribas me odian, y que los sacerdotes están decididos a matarme a mí, Tu siervo; por tanto, Señor Dios Todopoderoso y Misericordioso, escucha por piedad las oraciones de Tu siervo, y sálvame de sus intrigas, ya que Tú eres mi salvación. Tu palabra es la Verdad, la cual durará por siempre>>.

Cuando Jesús hubo dicho estas palabras, he aquí que vino a él el ángel Gabriel, diciendo: <<No temas, oh Jesús, ya que un millar de millares de quienes viven arriba en el cielo te cuidan, y tú no morirás sino hasta que todo sea cumplido, y el mundo esté cercano a su fin>>.

El ángel Gabriel respondió: <<Levántate, Jesús, y recuerda a Abrahán, quien queriendo hacer a Dios el sacrificio de su unigénito Ismael, y recuerda la Palabra de Dios, y no pudiendo el cuchillo cortar a su hijo, a mi palabra ofreció un cordero en sacrificio. Así harás tú también, por lo tanto, oh Jesús, siervo de Dios>>.

Jesús contestó: <<De buena gana, pero ¿dónde encontraré el cordero, si no tengo dinero y no es ilícito robarlo?>>.

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