Jesús respondió: <<¡Ah, miserables que sois, al haber perdido la razón!, ya que decís: "¡Dános salud!" ¿Que no veis que soy un hombre como vosotros? Invocad a Dios, que os ha creado, y El, que es Todopoderoso y Misericordioso, os sanará>>. Con lágrimas respondieron los leprosos: <<Nosotros sabemos que tú eres un hombre como nosotros, pero, sin embargo, un santo de Dios y un Profeta del Señor, por lo tanto ruega tú a Dios, y El nos sanará>>.

Entonces los discípulos rogaron a Jesús, diciendo: <<Señor, ten piedad de ellos >>. Entonces Jesús rogó a Dios, diciendo: <<Señor Dios Todopoderoso y Misericordioso, ten misericordia y escucha las palabras de Tu siervo; y por el amor de Abrahán, nuestro padre, y por Tu pacto sagrado ten piedad d la petición de estos hombres y concédeles la salud>>. Entonces Jesús, habiendo dicho esto, volteó hacia los leprosos y dijo: <<Id y presentáos a los sacerdotes según lo que dice la Ley de Dios>>.

Los leprosos partieron, y en el camino fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido curado, se regreso para buscar a Jesús, y se trataba de un Ismaelita. Y habiendo hallado a Jesús se arrodilló, reverenciándolo, diciendo: <<En verdad tú eres un santo de Dios>>., y con gracias le rogó que lo recibiera como sirviente. Jesús contesto: <<Diez fueron limpiados; ¿dónde están los otros nueve?>>. Y le dijo al que había sido sanado: <<Yo no vengo a ser servido, sino a servir; por lo tanto ve a tu casa, y recuenta cuánto ha hecho Dios en ti, para que ellos sepan que las promesas hechas a Abrahán y a su hijo, con el reino de Dios, se están aproximando>>. El leproso sanado partió, y habiendo llegado a su barrio volvió a contar cuánto había obrado Dios en él a través de Jesús.

20.    MILAGRO EN EL MAR OBRADO POR JESUS, Y EL DECLARA DONDE SERA RECIBIDO EL PROFETA

Jesús fue al Mar de Galilea, y habiéndose embarcado en una nave, navegó hacia la ciudad de Nazaret; y entonces hubo una gran tempestad en el mar, tanto que el barco estuvo próximo a hundirse. Y Jesús dormía en la proa del barco. Entonces se acercaron a él sus discípulos, y lo despertaron, diciendo: <<Oh maestro, sálvate, porque perecemos>>. Ellos sentían gran temor, por causa del fuerte viento en contra y por el rugir del mar. Jesús se levantó, y levantando la vista hacia el cielo, dijo: <<Oh Elohim Sebaoth, ten piedad de Tus siervos>>. Entonces, cuando Jesús hubo dicho esto, repentinamente cesó el viento, y el mar se volvió tranquilo. Entonces los marineros temieron, diciendo: <<Y, ¿quién es éste, a quien obedecen el mar y el viento?>>.

Habiendo llegado a la ciudad de Nazaret, los marineros  extendieron por toda la ciudad la noticia de lo que Jesús había obrado, por lo que la casa donde estaba Jesús se vio rodeada por todos los que vivían en la ciudad. Y los escribas y doctores, representándose ante él, dijeron: <<Hemos escuchado lo que hiciste en el mar y en Judea; dános por lo tanto alguna señal aquí en tu propio país>>.

Jesús respondió: <<Esta generación impía pide una señal, pero no le será dada a ellos, porque ningún Profeta es recibido en su propia tierra. En el tiempo de Elías había muchas viudas en Judea, pero él sólo fue enviado a pedir alimento a una viuda de Sidón. Muchos eran los leprosos en Judea en el tiempo de Eliseo, no obstante, sólo Naamán, el sirio, fue sanado>>.

Entonces se enojaron los ciudadanos y lo cogieron y lo llevaron a la cumbre de un precipicio para arrojarlo desde allí. Pero Jesús, caminando en medio de ellos, partió de allí.





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