21.    JESUS CURA A UN ENDEMONIADO, Y LOS CERDOS SE ARROJARON AL MAR. DESPUES CURA A UNA CANAANITA.

Jesús subió a Cafarnaúm, y al acercarse a la ciudad, salió de entre las tumbas uno que estaba poseído por el demonio, y en tal forma que ninguna cadena podía contenerlo, y hacía gran daño a las gentes.

Los demonios gritaban por su boca, diciendo: <<Oh santo de Dios, ¿por qué vienes antes de tiempo a molestarnos?>>. Y le rogaban que no los arrojase.

Jesús les preguntó cuántos eran. Ellos respondieron: <<Somos 666>>. Cuando los discípulos oyeron esto, huyeron asustados, y le rogaron a Jesús que se fuera. Entonces dijo Jesús: <<¿Dónde está vuestra fe? Es necesario que los demonios se vayan, no yo>>. Los demonios, por tanto, gritaron: <<Saldremos, pero permítenos entrar en aquéllos cerdos>>. Andaban por allí pastando, cerca del mar, unos 10.000 cerdos que pertenecían a los canaanitas. Entonces Jesús dijo: <<Id y entrad en los cerdos>>. Con un rugido, los demonios entraron en los cerdos, y los hicieron arrojarse de cabeza al mar. Entonces los que alimentaban a los cerdos huyeron hacia la ciudad, y contaron todo lo que Jesús había hecho que sucediera.

Entonces los hombres de la ciudad vinieron y encontraron a Jesús y al hombre que fue sanado. Los hombres se llenaron de temor y rogaron a Jesús que se fuera y saliera de sus fronteras. Jesús los dejó y se fue hacia la región de Tiro y Sidón.

Y hé aquí que una mujer de Canaán con sus dos hijos, que había salido de su propio país para conocer a Jesús, al verlo llegar con sus discípulos, grito: <<Jesús, hijo de David, ¡Ten piedad de mi hija, que es atormentada por el demonio!>>.

Jesús no le contestó ni una palabra, ya que ella pertenecía al pueblo incircunciso. Los discípulos se movieron a lástima, y dijeron: <<¡Oh hijo maestro, ten piedad de ellos! ¡Mira cómo gritan y lloran!>>.

Jesús respondió: <<Yo sólo fui enviado al Pueblo de Israel>>. Entonces la mujer, con sus hijos, fue ante Jesús, llorando y diciendo: <<¡Oh hijo de David, ten piedad de mi!>>. Jesús contesto: <<No está bien quitar el pan de la mano de los hijos y dárselo a los perros>>. Y esto dijo Jesús por razón de la impureza de ellos, ya que eran de las gentes incircuncisas.

La mujer respondió: <<Oh señor, los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos>>. Entonces se asombró Jesús por las palabras de la mujer, y dijo: <<¡Oh mujer, tu fe es grande!>>. Y habiendo levantado las manos hacia el cielo, rezó a Dios y luego dijo: <<Oh mujer, tu hija está libre, véte en paz>>. La mujer partió, y al llegar a su casa encontró a su hija, la cual estaba alabando a Dios. Entonces la mujer dijo: <<Verdaderamente no hay más Dios que el Dios de Israel>>. Entonces ella y toda su parentela se convirtieron a la Ley (de Dios), según está escrita en el libro de Moisés.

22.    CONDICION MISERABLE DE LOS INCIRCUNCISOS EN QUE EL PERRO ES MEJOR QUE ELLOS.

Los discípulos preguntaron a Jesús ese día, diciendo: <<Oh maestro, ¿por qué diste esa respuesta a la mujer, diciendo que ellos eran como perros?>>.


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