Entonces dijo el que lo había invitado: <<Maestro, ¿cuál es el mayor pecado?>>. Jesús contesto: <<¿Cuál es la mayor ruina de una casa?>>: Todos quedaron en silencio, cuando Jesús apuntó con su dedo hacia la base, y dijo: <<Si los cimientos ceden, inmediatamente la casa cae en ruina, en tal manera que es necesario construirla toda de nuevo; pero si toda otra parte cede, la casa puede ser reparada. Así te digo, que la idolatría es el mayor pecado, ya que priva por completo al hombre de fe, y consecuentemente, de Dios; así que él no puede tener afecto espiritual. Pero todo otro pecado deja al hombre la esperanza de obtener misericordia; y por lo tanto le digo que la idolatría es el mayor pecado>>.

Todos quedaron asombrados ante las palabras de Jesús, ya que ellos percibieron que de ninguna manera podían ser refutadas.

Entonces Jesús continuó: <<Recordad lo que Dios habló lo que Moisés y Josúe escribieron en la Ley, y vereís cuán grave es este pecado. Dijo Dios, hablando a Israel: "No harás para ti imagen alguna de aquellas cosas que están en el cielo ni de aquellas cosas que están bajo el cielo, ni la hareís de las cosas que están sobre el agua, ni de las que están bajo el agua. Ya que Yo soy tu Dios, Fuerte y celoso, El cual tomara venganza por este pecado en los padres y en los hijos, aun hasta la cuarta generación". Recordad cómo, cuando nuestro pueblo hubo hecho el Becerro, y cuando ellos lo hubieron adorado, por orden de Dios. Josúe y la tribu de Leví pasaron pro la espada y mataron de ellos a 120.000 de quienes no anhelaban la misericordia de Dios. ¡Oh juicio terrible de Dios sobre os idólatras!>>.

CAPÍTULO 34

Estaba parado ante la puerta allí uno que tenía encogido su mano derecha de tal forma que no podía usarla. Entonces Jesús, habiendo levantado su corazón hacia Dios, rezó, y luego dijo: <<Para que podáis saber que mis palabras son verdaderas, yo digo: "En el nombre de Dios, hombre, estira tu mano enferma!">>. El la estiró por completo, como si nunca hubiera tenido enfermedad alguna en ella.

Entonces con temor a Dios empezaron a comer.  Y habiendo comido algo, Jesús dijo otra vez: <<En verdad os digo, que seria mejor quemar una ciudad que dejar allí una mala costumbre; ya que debido a eso se enoja Dios con los príncipes y reyes de la tierra, a los cuales ha dado Dios la espada para que destruyan las iniquidades>>.

Después dijo Jesús: <<Cuando seas, invitado, recuerda no sentarte en el sitio más alto, para que si llega un mejor amigo del anfitrión, el anfitrión no te diga: "¡Levántate y siéntate en un sitio más bajo!", lo cual sería una vergüenza para ti. Mejor ve y siéntate en el lugar más humilde, para que el que te invitó venga y te diga: "¡Levántate, amigo, y ven siéntate aquí arriba!"; ya que entonces tú tendrás gran honor: porque todo lo que se exalta a sí mismo será humillado, y el que se humilla será exaltado.

Verdaderamente os digo, que si hombre conociese sus miserias, siempre lloraría él aquí en la tierra y se consideraría a sí mismo más vil que cualquiera otra cosa. No fue por otra causa que el primer hombre con su esposa lloró 100 años sin cesar, anhelando la Misericordia de Dios; ya que ellos supieron ciertamente que ellos habían caído debido a su orgullo>>.

Y habiendo dicho esto, Jesús dio gracias; y ese día se hizo público en todo Jerusalén que grandes cosas había dicho Jesús, y el milagro que obró, tanto que las gentes dieron gracias a Dios bendiciendo Su santo Nombre.


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