Jesús confesó, y dijo la verdad: <<Yo soy el Mesías>>. Ellos dijeron: <<Eres tú Elías o Jeremías, o alguno de los Profetas antiguos?>>.

Jesús contestó: <<No>>. Entonces dijeron ellos: <<¿Quien eres? Dí, para que nosotros podamos dar testimonio a aquéllos que nos enviaron>>.

Entonces dijo Jesús: <<Yo soy una voz que grita por toda Judea, y grita: "Preparad el camino par el Mensajero del Señor", tal como está escrito en Isaías>>.

Ellos dijeron: <<Si tú no eres el Mesías ni Elías, ni ningún Profeta, ¿porque predicas nueva doctrina, y te haces de más importancia que el Mesías?>>.

Jesús respondió: <<Los milagros que Dios obra pro mis manos muestran que yo hablo lo que Dios desea; y que no hago pasar por aquél de quien habláis, ya que yo no soy digno de aflojar las cintas de las sandalias del Mensajero de Dios a quien vosotros llamáis "Mesías", el cual fue hecho antes que yo, y vendrá después de mí, y traerá las palabras de verdad, así que su religión no tendrá fin jamás>>.

Los levitas y escribas partieron en confusión, y volvieron a contar todo a los jefes de los sacerdotes, quienes dijeron: <<El tiene el demonio sobre su espalda y éste le cuanta todo>>.

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: <<Verdaderamente os digo, que los jefes y los ancianos de nuestro pueblo buscan la ocasión contra mí>>.

Entonces dijo Pedro: <<Entonces ya no vayas a Jerusalén>>.

Por lo tanto Jesús le dijo: <<Tú eres tonto, y no sabes lo que dices, ya que es necesario que yo sufra muchas persecuciones, porque así sufrieron todos los Profetas y los santos de Dios, Pero no temas, pues habrá quienes estén con nosotros y habrán quienes estén contra nosotros>>.

Y habiendo dicho esto, Jesús partió y fue al monte Tabor, y subió allí con Pedro, Santiago y Juan su hermano, con el esto escribe. Entonces allí brilló una gran luz sobre él, y sus ropas se volvieron blancas como la nieve y su cara resplandecía como el sol, y hé aquí que vinieron Moisés y  elías hablando con Jesús acerca de todo lo que debe de suceder a nuestra raza y a la ciudad santa.

Pedro hablo, diciendo: <<Señor, es bueno estar aquí. Por lo tanto, si tú quieres, hacernos aquí tres tiendas, una para ti, una para Moisés y la otra para Elías>>. Y mientras él hablaba ellos fueron cubiertos por una nube blanca, y ellos oyeron una voz que decía: <<Mirad a Mi siervo, con quien estoy bien complacido; escuchádlo>>.

Los discípulos se llenaron de temor, y cayeron con sus caras sobre el suelo como muertos. Jesús bajó y  levantó a sus discípulos, diciendo: <<No temáis, ya que Dios os ama, y ha hecho esto para que podáis creer en mis palabras>>.


CAPÍTULO 43

Jesús bajo hacia los ocho discípulos que lo esperaban abajo. Y los cuatro narraron a los ocho todo lo que ellos habían visto; y así partieron ellos ese día expulsando de su corazón toda duda acerca de Jesús, excepto Judas Iscariote, quien no creía. Jesús se sentó al pie de la montaña, y ellos comieron frutas silvestres, ya que no tenían pan.


288