CAPÍTULO 48.

En aquel tiempo el ejército de los romanos estaba en Judea, estando nuestro país sujeto a ellos por los pecadores de nuestros antepasados. Ahora era la costumbre de los romanos llamar Dios y adorar a quien trajera cualquier nuevo beneficio para la gente común, y así (algunos) de estos soldados encontrándose en Naím, ellos reprendían ora a uno, ora a otro, diciendo: "Uno de vuestros Dioses os ha visitado, y vosotros no os dais cuenta de ello. Seguramente si nuestros Dioses nos visitasen nosotros les daríamos todo lo que tuviéramos. Y ya veis cuánto tememos a nuestros Dioses, ya que a sus imágenes nosotros les damos lo mejor que tenemos". Satanás así instigaba esta manera de hablar para que provocara no poca sedición entre las gentes de Naím. Pero Jesús no se quedó en Naím, sino que se volvió para ir a Cafarnaúm. La discordia de Naím era tal que algunos decían: "El es nuestro Dios que no s ha visitado"; otros decían " Dios es invisible, así que nadie lo ha visto, ni siquiera Moisés, Su siervo; por lo tanto él no tiene cuerpo para engendrar con él; sin que él es un gran Profeta de Dios".
Y así Satanás instigó eso en el tercer año de la misión profética de Jesús, de lo cual surgiría gran ruina para nuestro pueblo.

Jesús entro a Cafarnaúm, entonces los ciudadanos, cuando supieron de él, reunieron a todos los enfermos que tenían, y los pusieron frente al porche de la casa donde Jesús estaba alojado con sus discípulos. Y habiendo llamado a Jesús, ellos le rogaron por la salud de ellos. Entonces Jesús puso sus manos sobre cada uno de ellos, diciendo: "Dios de Israel, por Tu santo Nombre, da la salud a esta persona enferma"., y entonces cada uno fue curado.

El día sábado Jesús entró a la sinagoga, y entonces corrieron juntas todas las gentes para oírlo hablar.

CAPÍTULO 49.

El escriba ese día leía el salmo de David, donde dice David: "Cuando Yo halle el tiempo, juzgaré correctamente". Entonces, después de la lectura de los Profetas, se levantó Jesús, e hizo señal de silencio con las manos y abriendo la boca habló así; "Hermanos, habéis oído las palabras dichas por David el Profeta, nuestro padre, que cuando él hallase el tiempo, juzgaría correctamente, yo os digo en verdad que muchos juzgan, en cuyo juicio ellos caen por no otra razón que ellos juzgan lo que no les atañe, y lo que les toca a ellos lo juzgan antes de tiempo. Por ello el Dios de nuestros padres nos gritó por medio de Su Profeta David, diciendo; "Juzgad justamente, oh hijos de los hombres". Miserables por lo tanto son aquellos que se paran en las esquinas de la calle, y no hacen mas que juzgar a todos los que pasan por allí, diciendo: "Este es agradable, éste es feo, ése es bueno, éste es malo". Ay de ellos, porque ellos levantan el cetro de su juicio de la Mano de Dios, Quien dijo: "Yo soy Testigo y Juez, y Mi honor no le daré a nadie", Verdaderamente os digo que éstos testifican acerca de lo que no han visto ni oído en realidad,  juzgan sin haber sido constituidos jueces. Por lo tanto abominables son ellos ante la vista de Dios, Quien pasará tremendo juicio contra ellos en el Ultimo Día. Ay de vosotros, ay de vosotros que habáis bien del mal, y llamáis bueno lo malo, ya que vosotros condenáis a Dios como malhechor, Quien es el autor del bien, y justificáis como bueno a Satanás, que es el origen de todo mal. Considerad qué castigo tendréis, y que es horrible caer en el juicio de Dios, el cual será entonces sobre aquellos que justifican  a los malvados por dinero, y no juzgan la causa de los huérfanos y las viudas. Verdaderamente os digo, que los demonios temblarán por el juicio de esos, de tan terrible que será. Tú hombre que eres puesto como juez, no consideres otra cosa; ni parientes ni amigos, ni honor ni ganancia, ya que asegurará para ti en el Juicio de Dios. Pero yo te advierto que sin misericordia será juzgado el que juzgue sin misericordia.


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