CAPÍTULO 50.

Dime, oh hombre, tú que juzgas a otro hombre, ¿no sabes que todos los hombres tuvieron su origen en el mismo barro?. ¿No sabes que nadie es bueno sino solamente Dios? Por ello todo hombre es un mentiroso y  un pecador. Creedme, hombre, que si tú juzgas a otros por una falta tu propio corazón tiene que ser juzgado por ella. ¿oh, que peligroso es juzgar! ¡Oh cuántos han perecido por sus juicios falsos!. Satanás juzgó que el hombre era más vil que él; por lo tanto él se rebeló contra Dios, su Creador; y por ello él es impenitente, como yo lo sé por haber hablado con él. Nuestros primeros padres juzgaron que las palabras de Satanás eran buenas, por lo tanto ellos fueron expulsados del Paraíso, y condenaron a toda su progenie. Verdaderamente os digo, como que Dios vive y ante Su Presencia yo comparezco, que el falso juicio es el padre de todos los pecados. Puesto que nadie peca sin voluntad, y nadie desea lo que no conoce. Ay , por lo tanto, del pecador que con el juicio considera al pecado digno y a la bondad indigna, quien debido a eso rechaza la bondad y escoge el pecado. Ciertamente él sufrirá un castigo intolerable cuando Dios venga a juzgar al mundo. ¡Oh tremendo Juicio de Dios! El juez perece, el juzgado se salva. ¿Y por qué esto, oh hombre, sino porque ( de ) prisa ellos juzgaron falsamente a los inocentes? Cuán rápidamente se acerca el bueno ala ruina por juzgar falsamente es mostrado entonces por los hermanos de José, quienes lo vendieron juzgando a su hermano. Tres amigos de Job juzgaron a Job, el inocente amigo de Dios. David juzgó a Mefiboseth y a Urías, Ciro juzgó a Daniel como carne para los leones; y no seréis juzgados". Y entonces, habiendo terminado Jesús su discurso, muchos fueron convertidos al arrepentimiento, lamentando sus pecados; y ellos habían abandonado todo para ir con él. Pero Jesús dijo: "Quedaos en vuestros hogares y abandonad el pecado y servid a Dios con temor, y así seréis salvados; ya que yo no vengo a ser servido sino a servir".

Y habiendo hablado así, salió él de la sinagoga y la ciudad, y se retiró al desierto a orar, ya que él amaba grandemente la soledad.

CAPÍTULO 51.

Cuando él hubo rezado al Señor, sus discípulos acudieron a él y dijeron; "Oh maestro, dos cosas quisiéramos saber, una es, cómo habaste tu con Satanás, quien no obstante, tú dices que es impenitente; la otra es, cómo Dios vendrá a juzgar en el Día del Juicio". Jesús replicó: "En verdad os digo que yo tuve compasión de Satanás, sabiendo de su caída; y tuve compasión de la  Humanidad a quien él tentó para pecar. Por lo tanto yo recé y ayuné a nuestro Dios, Quien me habló por medio del ángel Gabriel: " ¿Qué buscas tú, Oh Jesús, y cuál es tu petición?". Yo contesté: "Señor, Tu sabes de qué mal Satanás es la causa, y que debido a sus tentaciones muchos perecen; él es Tu criatura, Señor, a quien Tú creaste; por lo tanto, Señor, ten misericordia de él".

Dios respondió "Jesús, mira, Yo lo perdonaré. Solamente hazlo que diga: "Seño, Dios mío, yo he pecado, ten misericordia de mí" y Yo lo perdonaré y lo restauraré a su primer estado". "Yo me alegré grandemente", dijo Jesús, "cuando oí esto, creyendo que yo había hecho las paces. Por lo tanto llamé a Satanás, quién vino, diciendo:"¿Qué debo hacer por ti, oh Jesús?".

Yo contesté:"Tú lo harás por ti mismo, oh Satanás, ya que yo no amo tus servicios, sino que por tu bien te he llamado".

Satanás replicó: "Si tú no deseas mis servicios, ni yo deseo los tuyos – ya que yo soy mas noble que tú, por lo que tú no eres digno de servirme: tú que eres barro, mientras que yo soy espíritu".


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