su propio hermano. Así entonces deberíais hacer; ya que en verdad vuestra alma es un mercader, y el cuerpo es la tienda; en donde lo que se recibe del exterior, a través de los sentidos, es comprado y vendido por ella. Y el dinero es el amor. Ved entonces que con vuestro amor no vendáis ni compréis el menor pensamiento con el cual no podáis obtener ganancia. Pero dejad el pensamiento, las palabras y la obras, que sean todos por el amor a Dios; ya que así encontraréis seguridad en ese día. En verdad os digo, que muchos hacen abluciones y van a rezar, muchos ayunan y dan limosna, muchos estudian y predican a otros y el fin de ellos es abominable ante Dios; porque ellos limpian el cuerpo y no el corazón , ellos gritan con la oca pero no con el corazón; ellos se abstienen de carnes, pero se llenan de pecados; le dan a otros cosas que no son buenas para ellos, para ser tenidos por buenos; ellos estudian para saber cómo hablar, no para trabajar y actuar; ellos le predican a otros contra aquello que ellos mismos hacen, y así se condenan por su propia lengua. Como que Dios vive, esos no conocen a Dios con sus corazones; ya que si lo conocieran ellos lo amarían; y ya que todo lo que un hombre tiene lo recibió él de Dios, así debería gastar todo por el amor de Dios."

CAPÍTULO 63.

Después de algunos días Jesús pasó cerca de una ciudad de los samaritanos; y ellos no lo dejarían entrar a la ciudad, ni le vendería pan a sus discípulos. Entonces dijeron Santiago y Juan: "Maestro, ¡Te place que roguemos a Dios que envíe fuego del cielo contra esas gentes?".

Jesús respondió: "Vosotros no sabéis por qué espíritu sois conducidos, que así habláis, recordad que Dios determinó destruir Nínive porque El no encontró ni uno que temiese a Dios en esa ciudad , éste habría huido a Tarso por temor a las gentes, así que Dios hizo que fuese arrojado al mar, y recibido por un pez y arrojado cerca de Nínive. Y él predicó allí de forma tal que las gente se convirtieron al arrepentimiento, y Dios tuvo misericordia de ellos.

Ay de quienes claman por venganza; ya que sobre ellos mismos vendrá, viendo que cada hombre tiene en sí mismo causa para la venganza de Dios. Ahora decidme, ¿creasteis vosotros a esta ciudad con sus gentes? Oh locos que sois, claro que no, ya que todas las criaturas unidas no podrían crear ni una sola mosca de la nada, y esto es crear. Si el Dios bendito que creó esta ciudad la mantiene, ¿por qué deseáis vosotros destruirla? ¿por qué no dijisteis: " ¿Te place maestro, que roguemos al Señor nuestro Dios que estas gentes se conviertan a la penitencia" ciertamente este es un acto propio  de un discípulo mío, rogar a Dios por aquellos que hacen mal. Así hizo Abel cuando su hermano Caín, maldito de Dios, lo mató. Así hizo Abraham por el Faraón, quien le quitó a su esposa, y a l cual, por lo tanto, no mató el ángel de Dios, sino que sólo lo afligió con la enfermedad. Así hizo Zacarías cuando, por decreto del rey impío, fue matado en el templo. Así hicieron Jeremías, Isaías, Ezequiel, Daniel y David, con todos los amigos de Dios y los santos Profetas. Decidme, si un hermano fuera atacado de locura. ¿Lo mataríais porque habló mal y golpeó a los que se le acercaban? Ciertamente vosotros no lo haríais; sino que más bien restauraríais su salud con medicinas adecuadas a su enfermedad.

CAPÍTULO 64.

Como que Dios vive, ante Cuya Presencia mi alma comparece, un pecador es de mente enferma cuando él persigue a un hombre. Pues decidme, ¿Hay alguno que se rompiese la cabeza por la causa de romper la túnica de su enemigo? ¿Entonces cómo puede tener mente sana el que se separa de Dios, la cabeza de su alma, para poder herir el cuerpo de su enemigo?.

Decídme, oh, hombre, ¿quién es tu enemigo? Ciertamente tu cuerpo, y todo lo que te elogie. Así que si tuvieses mente sana besarías la mano de quienes te insultan y entregarías regalos a aquellos que te

300