Y él tuvo compasión de él, y ordenó a sus esclavos que llevaran a ese hombre a la ciudad y lo atendieran; y así lo hicieron ellos con toda diligencia. Y el rey concibió un gran cariño por el hombre enfermo, así que él le dio a su propia hija en matrimonio, y lo hizo su heredero. Ahora, seguramente que este rey era muy Misericordioso; pero el hombre golpeó a los esclavos, despreció las medicinas, abusó de la esposa del rey, habló mal del rey, e hizo que sus vasallos se rebelaran contra él. Y cuando el rey requería algún servicio, el estaba listo para decir: "Qué me dará el rey como recompensa"?. Ahora, cuando el rey oyó esto, ¿qué le hizo él a un hombre así de impío?".

Todos ellos respondieron: "Ay de él, ya que el rey lo privó de todo, y lo castigó cruelmente". Entonces dijo Jesús: "Oh sacerdotes, y escribas, y fariseos, y tú, sumo sacerdote que oyes mi voz, yo os proclamo lo que Dios os dijo a través del Profeta Isaías: "Yo he alimentado esclavos y los exalté, pero ellos me han despreciado".

El rey es nuestro Dios, Quien halló a Israel en este mundo lleno de miserias, y por lo tanto lo dio a Sus siervos José, Moisés y Aarón, quienes lo atendieron. Y nuestro Dios concibió tal amor por el pueblo de Israel que El castigó a Egipto ahogó al Faraón, y destruyó 120 reyes de las cananitas y madianitas; El le dio Sus leyes, haciéndolo heredero de toda esa (tierra) donde habita nuestro pueblo.¿ Pero cómo se comportó Israel? ¿Cuántos Profetas mató él?!; ¡Cuántas profecías contaminó; cómo violó él la ley de Dios; cuántos por esa causa se alejaron de Dios y fueron a adorar ídolos, debido a vuestra ofensa, oh sacerdotes! ¡Y cómo deshonráis a Dios con vuestra manera de viuda! Y ahora me preguntáis: ¿"Qué nos dará Dios en el Paraíso?". Vosotros deberíais haber preguntado cuál es el castigo que Dios os dará en el infierno; y entonces preguntar qué deberíais hacer como verdadera penitencia para que Dios tenga misericordia de vosotros; pues esto puedo deciros, y este fin fui enviado a vosotros.

CAPÍTULO 69.

Como que Dios vive, ante Cuya Presencia comparezco, vosotros no recibiréis adulación de parte mía, sino la verdad. Por ello os digo, arrepentios y volveos hacia Dios tal como nuestros padres lo hicieron después de pecar, y no endurezcáis vuestros corazones".

Los sacerdotes se consumían de furia por este discurso, pero por temor a las gentes comunes ellos no dijeron palabra.

Y Jesús continuó, diciendo: "Oh doctores, oh escribas, oh fariseos, o sacerdotes decidme. Vosotros deseáis ropas finas, como las mujeres, pero no queréis hilar ni alimentar niños; vosotros deseáis los frutos del campo, pero no deseáis cultivar la tierra; vosotros deseáis los peces del mar, pero no sedeáis ir a pescar; vosotros deseáis  honor como ciudadanos, pero no deseáis la carga de la república; vosotros deseáis los diezmos y las primicias de los frutos como sacerdotes, pero no deseáis servir a Dios de verdad. ¿Qué hará entonces Dios con vosotros, viendo que deseáis todo bien aquí sin ningún mal? Verdaderamente os digo que Dios os dará un lugar donde vosotros tendréis todo mal y ningún bien".

Y cuando Jesús hubo dicho esto, fue traído ante él un endemoniado que no podía hablar ni ver, y estaba privado del oído. Entonces Jesús, viendo su fe, levantó la vista hacia el cielo y dijo: "Señor Dios de nuestros padres, ten misericordia de este hombre enfermo y dale salud, para que estas gentes sepan que Tú me enviaste".

Y habiendo dicho esto, Jesús le ordenó al espíritu que partiese, diciendo: "En el poder del nombre de Dios nuestro Señor, vete, malvado, de este hombre".


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