cielo, y pongo como testigo a todo lo que habita sobre la Tierra, que soy ajeno a todo lo que habeís dicho; viendo que yo soy un hombre, nacido de mujer mortal, sujeto al juicio de Dios, sufriendo las miserias de comer y dormir, de frío y el calor, como otros hombres. Por lo tanto cuando Dios, sufriendo las miserias de comer y dormir, del frío y el calor, como otros hombres. Por lo tanto cuando Dios venga a juzgar, mis palabras como una espada, atravezaran a cada uno de quienes crean que yo soy algo más que un hombre".

Y habiendo dicho esto, Jesús vió una gran multitud de Jinetes, por lo que se dio cuenta de que venía el gobernador con Herodes y el sumo sacerdote.

Entonces dijo Jesús; quizá también ellos se han vuelto locos". Cuando el  gobernador llegó allí, con Herodes y el Sacerdote, todos desmontaron, y se formaron en círculo alrededor de Jesús, de manera tal que los soldados no pudieron contener a las gentes que estaban deseosas de escuchar a Jesús hablando con el sacerdote.

Jesús se acercó al sacerdote con reverencia, pero este estaba deseoso de inclinarse y adorar a Jesús, cuando Jesús gritó: "Ten cuidado con lo que haces, sacerdote del Dios vivo, No peques contra nuestro Dios!".

El sacerdote respondió "Ahora Judea está tan conmovida por tus señales y tus enseñanzas que ellos gritan que tú eres Dios; por lo tanto obligado por el pueblo, vengo aquí con el gobernador romano y el rey Herodes.  Te rogamos por lo tanto de corazón que tengas a bien eliminar la sedicción que se ha levantado por culpa tuya; pues algunos dicen que tú eres Dios, algunos dicen que eres hijo de Dios, y algunos dicen que eres un Profeta ".

Jesús respondió: "Y tú oh sumo sacerdote de Dios, ¿ por qué no has aplacado esta sedicción ? ¿También tú acaso, has perdido la razón  ? ¿Han pasado al olvido las profecías con la Ley de Dios, oh miserable Judea engañada de Satanás".

CAPÍTULO 94

Y habiendo dicho esto, Jesús dijo otra vez: "Yo confieso ante el cielo, y llamo como testigo a todo lo que vive sobre la tierra, que yo soy ajeno a todo lo que los hombres han dicho de mí, o sea, que soy más que un hombre; ya que soy un hombre, nacido de una mujer, sujeto al juicio de Dios, que vive aquí como otros hombres, sujeto a las miserias comunes, como que Dios vive, ante cuya presencia mi alma comparece, has pecado grandemente, oh sacerdote, al decir lo que has dicho.  Que Dios no quiera traer sobre la ciudad santa gran venganza por este pecado".

Entonces dijo el sacerdote: "Que Dios nos perdone, y ruega así tú por nosotros".

Entonces dijeron el gobernador y Herodes: "Señor, es imposible que el hombre haga lo que tú haces; así que no entendemos lo que tú dices".

Jesús respondió: "Eso que dices es verdad, ya que Dios obra el bien en el hombre, tal como Satanás obra el mal.  Ya que el hombre es como una tienda, donde quien entra con su consentimiento trabaja y vende allí.  Pero dime, oh gobernador, y tú, oh rey, vosotros decís esto porque sois extraños a nuestra Ley; ya que sin leyes es el testamento y convenio de nuestro Dios veríais que Moisés con una vara hizo que el agua se convierta en sangre, el polvo en pulgas, el rocío en tempestad, y la luz en oscuridad.  El hizo que las ranas y los ratones entrasen a Egipto, cubriendo el suelo, él mató a los primogénitos y abrió el mar, donde ahogó al Faraón.  De estas cosas yo no  he obrado ninguna.  Y de Moisés, todos confiesan que él es un hombre muerto hasta ahora.  Jesús hizo que el sol se detuviera, y abrió el Jordán, lo cual yo no he hecho.  Y de Josué todos confiesan que él actualmente es un

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