CAPÍTULO 107

Y así la primera cosa que sigue a penar por el pecado es ayunar.  Ya que él ve que un cierto alimento lo pone enfermo, como él teme a la muerte, después de lamentar haberlo comido, lo abandona, para que no lo vuelva a poner enfermo, Así debería hacer el pecador. Al darse cuenta de que el placer lo hizo pecar en contra de Dios su Creador al seguir al sentido en estas cosas buenas del mundo, que se apene por haber hecho eso, ya que ello lo privó de Dios, de su vida, y le da la muerte eterna del Infierno. Pero como el hombre mientras vive tiene necesidad de tomar estas cosas buenas del mundo, ayunar es necesario aquí, Así que proceda a mortificar al sentido y a reconocer a Dios como su Señor. Y cuando él ve que el sentido aborrece los ayunos, que le ponga enfrente la condición del infierno, donde no hay placer en absoluto, sino sólo se recibe sufrimiento infinito; que ponga ante él las delicias del Paraíso, que son tan grandes que un grano de las delicias es mayor que todas las del mundo. Y entonces así se calmará más fácilmente; porque es mejor contentarse con poco para recibir mucho que estar desbocado en lo poco y lo privado de todo y vivir en tormento.

Deberíais recordar al rico glotón para ayunar bien. Ya que él deseando aquí en la Tierra agasajarse deliciosamente cada día, fue privado eternamente incluso de una simple gota de agua; mientras que Lázaro, estando contento con migajas aquí en la tierra, vivirá eternamente en plena abundancia de las delicias del Paraíso.

Pero que el penitente sea cauteloso: porque Satanás  busca anular toda buena obra, y más en el penitente que en los demás, porque el penitente se ha revelado contra él, y el de ser su fiel esclavo se ha convertido en un rebelde enemigo.  Por lo tanto Satanás tratará de provocar que él no ayune, de alguna manera como bajo el pretexto de enfermedad, y cuando esto no le valga él lo invitará al ayuno extremoso, para que él caiga enfermo y después viva deliciosamente. Y si él no triunfa en esto, el tratará de hacer que su ayuno sea simplemente abstención de alimento físico, para que sea cómo el mismo, que nunca come pero siempre peca.

Como que Dios vive, es abominable privar al cuerpo de alimento y llenar el alma con orgullo, despreciando a los que no ayunan, y considerándose uno mejor que ellos. Decidme, ¿presumirá el enfermo de la dieta que le fue impuesta por el médico, y llamará locos a los que no se ponen a dieta?  Seguramente no, sino que el se sentirá apenado por la enfermedad por cuya razón tuvo que ser puesto a dieta. Así os digo, que el penitente no debería penar por el pecado de su ayuno, y despreciar a los que no ayunan; sino que él debería penar por el pecado por razón del cual el ayuna. Tampoco debe el penitente que ayuna procurarse (cuando rompe el ayuno) alimentos delicados, sino que debe contentarse con alimentos austeros. ¿Acaso un hombre le da alimentos delicados al perro que muerde y al caballo que patea? No, ciertamente, sino más bien al contrario. Y que sea suficiente para vosotros acerca del ayuno.

CAPÍTULO 108

Escuchad, entonces, a lo que os diré acerca de la vigilia. Justo como hay dos clases de sueño, es decir el del cuerpo y el del alma, también así debéis ser cuidadosos de vigilar que mientras que el cuerpo está en vigilia el alma no duerma, ya que esto sería un error gravísimo. Decidme, en parábola: hay un hombre que mientras camina se golpea contra una roca, y para evitar golpearla otra vez con el pie, él la golpea con su cabeza. ¿Cuál es el estado de ese hombre?>>.

<<Miserable>>, contentaron los discípulos, <<ya que ese hombre está loco>>.


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