CAPÍTULO 115

            Que el hombre me diga otra cosa. ¿Qué ha traído él al mundo, por razón de lo cual pueda él vivir del ocio?. Cierto es que él nació desnudo, e incapaz de cualquier cosa.  Entonces, de todo lo que él ha hallado, el no es el dueño, sino el despensero. Y el tendrá que rendir cuentas de ello en ese terrible día. La lujuria abominable, que hace al hombre como las bestias brutas, debería ser temida grandemente; ya que el enemigo es de la propia casa de uno, así que no es posible entrar en ningún lugar sin que tu enemigo entre también. Ah, cuántos han perecido por la lujuria!. Por la lujuria vino el Diluvio, tanto que el mundo pereció ante la misericordia de Dios y sólo fueron salvados Noé y 83 personas humanas.

            Debido a la lujuria castigó Dios a las tres malvadas ciudades de donde escaparon solo Lot y sus dos hijas.

            Por la lujuria de la tribu de Benjamín fue casi extinguida. Y yo os digo verdaderamente que si yo os narrase cuántos han perecido debido a la lujuria, el espacio de cinco días no sería suficiente>>.

            Santiago dijo: <<Oh maestro, ¿qué significa la lujuria?>>.

            Jesús contestó: <<La lujuria es un deseo desbocado de amor, el cual, no estando dirigido por la razón, rompe los límites del intelecto y afecto humanos; así que el hombre, no conociéndose así mismo, ama lo que él debería odiar. Creedme, cuando un hombre ama una cosa, no porque Dios le haya dado esa cosa, sino como su dueño, él es un fornicador; porque el alma, que debería vivir en unión con su Creador, él la ha unido a la creatura. Y así Dios lamenta a través de Isaías, el Profeta, diciendo: "Tú has cometido fornicación, con muchos amantes; no obstante, regresa a mí y yo te recibiré".

            Como que Dios vive, ante Cuya Presencia comparece  mi alma, si no hubiera lujuria interna dentro del corazón del hombre, él no caería en la externa; ya que si se quita la raíz del árbol muere rápidamente.

            Que el hombre se contente por lo tanto con la esposa que el Creador le dio, y que olvide a toda otra mujer>>

            Andrés contestó: "Cómo puede un hombre olvidar a las mujeres si vive en la ciudad donde hay tantas de ellas?>>.

            Jesús replicó: <<Oh Andrés, cierto es que el que vive en la ciudad ella le hará daño; ya que la ciudad es una esponja que absorbe toda iniquidad.

CAPÍTULO 116

            El hombre debe vivir en la ciudad tal como el soldado vive cuando tiene enemigos alrededor de la fortaleza, defendiéndose contra todo asalto y siempre temiendo la traición por parte de los ciudadanos. Aun así, digo, que rechace toda tentación externa de pecado, y tema al sentido, ya que éste tiene un deseo supremo de cosas impuras. ¿Pero cómo se va a defender si él no controla al ojo, el cual es el origen de todo pecado carnal? Como que Dios vive, ante Cuya Presencia comparece mi alma, el que no tenga ojos corporales está seguro de no recibir castigo excepto sólo en tercer grado, mientras que el que tiene ojos lo recibe hasta séptimo grado.


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