Dios; por lo tanto, en lo que a ti respecta, yo soy el diablo", dijo Elías llorando, "porque yo tengo que alejarte de tu Creador. Llora entonces, oh hermano, porque tú no tienes la luz que podía hacerte distinguir la verdad de  lo falso, y que si tu hubieses tenido eso tú no habrías despreciado mi doctrina. Por lo tanto te digo, que muchos desean verme y vienen desde lejos para verme, pero desprecian mis palabras. Por lo tanto sería mejor para ellos, para su salvación, que no tuviese ojos, viendo que todo el que encuentra placer en la creatura, sea él quien sea, y no buscar encontrar placer en Dios, ha hecho un ídolo en su corazón, y ha abandonado a Dios">>.

            Entonces dijo Jesús, suspirando: <<Habéis entendido todo lo que dijo Elías?>>.

            Los discípulos contestaron: <<En general, hemos entendido, y estamos asombrados por el conocimiento de aquí en la Tierra hay muy pocos que no son idólatras>>.

CAPÍTULO 118

            Entonces dijo Jesús: <<Decís la verdad, porque ahora estaba Israel deseos de establecer la idolatría que ellos tienen en sus corazones, al considerarme Dios; muchos de los cuales han despreciado ahora mi enseñanza, al decir que yo podía hacerme soñar todo de Judea, si yo me confesase a Dios, y que estoy loco por querer vivir en pobreza entre lugares desiertos, y no vivir continuamente entre príncipes en la vida delicada. Oh hombre infeliz, que aprecias la luz que es común en las moscas y hormigas y desprecias la luz que es común sólo a los ángeles y Profetas y amigos de Dios!

            Si, entonces, uno no cuida al ojo, oh Andrés, yo te digo que es imposible no caer de cabeza en la lujuria. Por eso Jeremías el Profeta, llorando vehementemente, dijo en verdad:  "Mi ojo es un ladrón que se roba mi alma". Por eso David nuestro padre rezaba con el mayor anhelo a Dios nuestro Señor que dirigiese su vista a otra parte  para que no viera la vanidad, ya que en verdad todo lo que tiene un fin es vano.  Decidme, entonces, si uno tuviese dos monedas para comprar   pan, ¿las gastaría para comprar humo?. Seguramente que no, viendo que el humo lastima los ojos y no da sustento al cuerpo. Que así haga entonces el hombre, ya que con la vista externa de sus ojos y la vista interna de su mente él trate de conocer a Dios su Creador y complacer su Voluntad, y no haga de las creaturas su fin, lo cual lo hace perder al Creador.

CAPÍTULO 119

Porque verdaderamente cada vez que un hombre mira una cosa y olvida a Dios, el cual la hizo para el hombre, él ha pecado; ya que si un amigo tuyo te diese algo para guardarlo en memoria suya, y tú lo vendieses y olvidases a tu amigo, tú has pecado contra tu amigo. Así hace el hombre; ya que cuando él mira a la creatura y no tiene en la memoria al Creador , Quien la creó por amor al hombre, él peca contra Dios su Creador, por ingratitud.

            Por lo tanto el que mire a las mujeres y olvide a Dios, quién creó a la mujer por el bien del hombre, él la amará y deseará. Y hasta tal grado irrumpirá esta lujuria suya, que él amará todo como la cosa amada; así que entonces viene ese pecado del cual es una vergüenza acordarse. Si, entonces, el hombre pone una venda ante sus ojos, él será el amo del sentido, el cual no puede desear lo que no le es mostrado. Ya que así estará la carne sujeta al espíritu, porque así como el barco no puede moverse sin el viento, así la carne sin el sentido no puede pecar.

            Entonces que sea necesario para el penitente el relato de historias divertidas en oración, lo muestra la razón misma, aún cuando no fuera también un precepto de Dios. Porque en cada palabra


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