vana el hombre peca, y nuestro Dios borra el pecado gracias a la oración. Porque la oración es el abogado del alma; la oración es la medicina del alma; la oración es la defensa del corazón; la oración es el alma de la fé; la oración es la rienda del sentido; la oración es la sal de la carne que no la deja corromperse por el pecado. Y os digo que la oración es la mano de nuestra vida, con la cual el hombre que reza se defenderá en el Día del Juicio: ya que él cuidará a su alma del pecado aquí en la tierra, y preservará su corazón para que no sea tocado por los malos deseos; ofendiendo a Satanás ya que él mantendrá a su sentido dentro de la Ley de Dios y su carne caminará en rectitud, recibiendo de Dios todo lo que pida.

            Como Dios vive, ante Cuya Presencia estamos, un hombre sin oración no puede ser un hombre de buenas obras, tal como un hombre mudo no puede apelar por su causa ante un hombre ciego; tal como una llaga no puede ser curada sin ungüento; como un hombre no puede defenderse sin movimiento, ni atacar a otro sin armas, navegar sin timón, o preservar la carne muerta sin sal. Porque verdaderamente el que no tiene mano no puede recibir. Si el hombre pudiera convertir el estiércol en oro y el barro en miel, ¿qué haría?>>.

            Entonces, quedándose Jesús callado, los discípulos contestaron: <<Nadie haría otra cosa más que hacer oro y miel>>.

            Entonces dijo Jesús: <<¿Entonces por qué no cambiaría el hombre las pláticas vanas por la oración?. ¿Acaso le ha sido dado tiempo por Dios para ofender a Dios?. Ya que ¿qué príncipe le daría a su súbdito una ciudad para que éste pudiera hacerle la guerra?. Como que Dios vive, si el hombre supiese de qué manera es transformada el alma por las pláticas vanas, él se morderá la lengua con sus dientes para cortársela antes que hablar. ¡Oh mundo miserable!, ya que hoy los hombres no se congregan a rezar, pero en los porches del templo y en el templo  mismo tiene Satanás allí el sacrificio de la plática vana, y lo que es peor, de cosas de las que no pueden hablar sin vergüenza.

CAPÍTULO 120

            El fruto de las palabras vanas es éste: que debilita el intelecto de tal manera que no está listo para recibir al verdad; así como un caballo acostumbrado a cargar sólo una onza de lana no puede cargar 100 libras de piedras.

            Pero lo que es peor es el hombre que pasa su tiempo en bromas y chistes.  Cuando él está dispuesto a rezar, Satanás pondrá en su memoria esos mismos chistes, tanto que cuando él debería llorar por sus pecados para hacer que Dios tenga misericordia y ganar el perdón por sus pecados, al reírse él hace que Dios se enoje; El Cual lo castigará y expulsará.

            Entonces, ¡hay de los que bromean y hablan vanamente! Pero si nuestro Dios odia a los que bromean y platican vanamente, ¿cómo considerará a los que murmuran y calumnian a sus prójimos, y en qué condición estarán los que tratan con el pecado como un negocio sumamente necesario?  ¡Oh mundo impuro, no puede concebir  cuán gravemente serás castigado por Dios!  Por lo tanto, aquel que quiera hacer penitencia, algo, debe dar sus palabras a precio de oro>>.

            Sus discípulos contestaron: <<Pero cómo va alguien a comprar las palabras de un hombre a precio de oro?  Seguramente nadie. ¿Y cómo hará el penitencia? ¡Es cierto que él se volverá codicioso!>>.




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