Jesús respondió: <<Vosotros tenéis vuestros corazones tan pesados que yo no soy capaz de levantarlos. Por ello en cada palabra es necesario que yo os diga el significado. Pero dad gracias a Dios, Quien os ha dado la gracia de conocer los misterios de Dios. Yo no digo que el penitente deba vender sus palabras, sino que yo digo que cuando él hable él debe pensar que él está arrojando oro. Ya que ciertamente, haciéndolo así, tal como el oro es gastado en cosas necesarias, así el hablará (solamente) cuando sea necesario hablar. Y justo como nadie gasta oro en una cosa que le hará daño a su cuerpo, así que no hable él de algo que pueda hacerle daño a su alma.

CAPÍTULO 121

            Cuando el gobernador ha arrestado a un prisionero el cual examina mientras el notario escribe (el caso), decidme, ¿cómo habla ese hombre?>>.

            Los discípulos contestaron: <<El habla con temor y va al grano, para no hacerse sospechoso, y él tiene cuidado de no decir algo que pudiera desagradar al gobernador, sino que trata de decir algo que pudiera hacerlo quedar libre>>.

            Entonces contestó Jesús: <<Esto debe hacer el penitente, entonces, para no perder su alma. Porque Dios le ha dado dos ángeles a cada hombre como notarios: uno escribe lo bueno, y el otro lo malo que el hombre hace. Si entonces un hombre quiere recibir misericordia que mida sus palabras más que como se mide el oro.

CAPÍTULO 122

            En cuanto a la avaricia, debe ser convertida en limosnas.  En verdad os digo, que así como la plomada tiene el centro como su fin, así el avaro tiene el infierno como su fin, ya que es imposible para los avaros que posean cualquier bien en el Paraíso. ¿Sabéis por qué?. Yo os lo diré. Como que Dios vive, ante Cuya Presencia comparece mi alma, el avaro, aunque esté silencioso con su lengua, con sus obras dice: "No hay otro Dios más que yo". Tanto que como todo lo que él tiene está dispuesto a gastarlo para su propio placer, sin considerar su principio ni su fin: que él nació desnudo y que al morir deja todo.

            Ahora decidme; si Herodes os diese un jardín que cuidar, y quisieseis consideraros como dueños, sin enviarle fruto alguno a Herodes enviase por frutas vosotros corrieseis a sus mensajeros, decidme, ¿estaríais haciéndoos reyes de ese jardín?  Claro que sí. Ahora os digo que así el hombre avaro se hace así mismo Dios sobre las riquezas que Dios le ha dado.

            La avaricia es una sed del sentido, el cual habiendo perdido a Dios a través del pecado ya que él vive por el placer, y siendo incapaz de deleitarse con Dios Quien está oculto para él se rodea de cosas temporales a las cuales considera sus Dioses; y entre más se fortalece más se ve privado de Dios.

            Y así la conversión del pecado viene de Dios, Quien le da la gracia para arrepentirse. Como dijo nuestro padre David:  "Este cambio viene de la diestra de Dios".

            Es necesario que yo os diga de qué clase es el hombre, si queréis saber como debe hacerse la penitencia. Y así hoy demos gracias a Dios, Quien nos dio la gracia de comunicar Su Voluntad por mi palabra>>.



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