Entonces el levantó sus manos y rezó diciendo: <<Señor Dios Todopoderoso y Misericordioso, Quien en misericordia nos creó, dándonos el rango de hombres, Tus siervos, con la fe de tu Verdadero Mensajero, Te agradecemos por Tus beneficios y quisiéramos solamente adorarte todos los días de nuestra vida, lamentando nuestros pecados, rezando y dando limosnas, ayunando y estudiando Tu palabra, instruyendo a quienes son ignorantes de Tu Voluntad, soportando al mundo por amor a Ti y por amor a Tu mensajero para quien Tú nos creaste, y por amor a todos los santos y Profetas>>.

            Los discípulos contestaban siempre: <<Así sea. Así sea Señor.  Así sea, oh nuestro Dios Misericordioso>>.

CAPÍTULO 123

            Cuando fue el día, el viernes en la mañana, Jesús, después de la oración, reunió a sus discípulos y les dijo:  <<Sentémonos; ya que así como en este Día Dios creó al hombre del barro de la tierra; así os diré que cosa es el hombre, si Dios quiere>>.

            Cuando todos estuvimos sentados, Jesús dijo otra vez:  <<Nuestro Dios para mostrar a Sus creaturas Su Bondad y Misericordia y Su Omnipotencia, con Su Generosidad y Justicia, hizo una composición de cuatro cosas contrarias la una  a la otra, y las unió en un objeto final, el cual es el hombre - y esas cosas son la tierra, el aire, el agua y el fuego - para que cada uno pudiera templar a la opuesta. Y Él hizo de estas cuatro cosas un recipiente, el cual es el cuerpo del hombre, de carne, de huesos, sangre, médula y piel, con nervios y venas, y con todas sus partes internas; y allí Dios colocó el alma y el sentido, como las dos manos de esta vida: dando como alojamiento al sentido cada parte del cuerpo, ya que él se difunde allí como aceite. Y el alma le dio él como alojamiento el corazón, donde, unida con el sentido, debe gobernar la vida entera.

            Dios, habiendo creado así al hombre, puso en él una luz que se llama razón, la cual debía unir la carne, el sentido y el alma en un solo fin - trabajar para el servicio de Dios.

            Entonces, poniendo El esta obra en el Paraíso, y siendo reducida la razón por el sentido por operación de Satanás, la carne perdió su reposo, el sentido perdió la delicia por la cual vivía, y el alma perdió su belleza.

            Habiendo llegado el hombre a tal situación, el sentido, que no encuentra reposo en el trabajo, sino que busca el deleite, al no ser controlado por  la razón, siguió la luz que los ojos le mostraban; pero, no siendo los ojos capaces de ver sino las vanidades, él se engañó a sí mismo, y así, escogiendo cosas terrenales, pecó.

            Así es necesario que por la misericordia de Dios la razón del hombre sea nuevamente iluminada, para distinguir el bien del mal y (para distinguir) el verdadero deleite: sabiendo lo cual, el pecado se convierte a la penitencia. Por lo tanto os digo verdaderamente, que si Dios nuestro Señor no ilumina el corazón del hombre, los razonamientos de los hombres no sirven de nada>>.

            Juan contestó: <<¿Entonces para qué fin sirve el habla del hombre>>.

            Jesús replicó: <<El hombre como hombre no vale nada para convertir al hombre a la penitencia; sino que el hombre como un medio que Dios usa convierte al hombre; así que viendo que Dios obró en una manera secreta en el hombre para la salvación del hombre, uno debería escuchar a todo hombre, para que entre todos pueda ser recibido aquél en quien Dios nos habla>>.


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