en un ser miserable, sometiéndolo a lo que nosotros sufrimos, junto con toda su descendencia?  ¿Que decreto, entonces, tienes tú, en virtud del cual puedas vivir a tu placer sin ningún temor? ¡ay de ti, oh barro!, porque ya que tú has exaltado a tí mismo por encima de Dios, Quien te creó, tú serás humillado bajo los pies de Satanás, el cual está acechándote>>.

            Y habiendo dicho esto, Jesús rezó, levantando sus manos al Señor, y las gentes dijeron: <<Así sea! ¡Así sea!>>.  Cuando el hubo terminado su oración descendió del pináculo.  Entonces fueron traídos ante él muchos enfermos a los cuales él curó, y partió del templo. Entonces Simón, un leproso a quien Jesús había sanado, lo invitó a comer pan.

            Los sacerdotes y escribas, quienes odiaban a Jesús, reportaron a los soldados romanos lo que Jesús había dicho contra sus Dioses. Porque ciertamente ellos estaban buscando cómo matarlo, pero no encontraban cómo, ya que ellos temían a la gente.

            Jesús, habiendo entrado a la casa de Simón, se sentó a la mesa. Y mientras él estaba comiendo, he aquí una mujer llamada María, una pecadora pública, entró a la casa, y se dejó caer al suelo atrás de los pies de Jesús, y los lavó con sus lágrimas, los untó con un precioso ungüento, y los secó con los cabellos de su cabeza.

            Simón se escandalizó, con todos los comenzales, y ellos dijeron: <<Si este hombre fuera un Profeta él sabría quién y de qué clase es esta mujer, y no le permitiría tocarlo>>.

            Entonces dijo Jesús: <<Simón, tengo una cosa que decirte>>.

            Simón respondió: <<Habla maestro, ya que yo deseo tu palabra>>.

CAPÍTULO 130

            Jesús dijo: <<Hubo un hombre que tenía dos deudores. Uno le debía a su acreedor 50 monedas y el otro 500. Entonces, cuando ninguno de los dos tenía con qué pagar, el acreedor, movido a compasión, le perdonó la deuda a cada uno. ¿Cuál de ellos amará más a su acreedor?>>.

            Simón contestó: <<Aquel al que le fue perdonada la deuda mayor>>.

            Dijo Jesús: <<Has dicho bien; yo te digo, por lo tanto, mira a esa mujer y a ti mismo; porque vosotros dos eráis deudores de Dios; uno por la lepra del cuerpo, y la otra por la lepra del alma, que es el pecado.

            Dios nuestro Señor, movido a compasión a través de mis oraciones, quiso sanar tu cuerpo y su alma. Tú, por lo tanto, me amas poco, porque tú has recibido poco como regalo. Y así, cuando yo entré a tu casa tú no me besaste ni ungiste mi cabeza. Pero esta mujer inmediatamente al entrar yo en tu casa se puso a mis pies, los cuales ella lavó con lágrimas y los ungió con ungüento preciosos. Por lo tanto en verdad te digo, que muchos pecados le son perdonados a ella, porque ella amó mucho>>. Y volviéndose a la mujer él dijo: <<Vete en paz, porque el Señor nuestro Dios ha perdonado tus pecados; pero vé que no peques más. Tu fe te ha salvado>>.

CAPÍTULO 131

            Sus discípulos se acercaron a Jesús después de la oración de la noche, y dijeron: <<Oh maestro, ¿cómo debemos escapar de la soberbia?>>.


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