Jesús contestó: <<Habéis visto a un hombre pobre invitado a comer pan en la casa de un príncipe?>>.

            Juan contestó: <<Yo he comido pan en la casa de Herodes.  Porque antes de conocerte yo iba a pescar, y solía vender el pescado a la familia de Herodes. Entonces, un día cuando él estaba en un banquete, habiendo llevado yo un buen pescado, él me hizo quedarme y comer allí>>.

            Entonces dijo Jesús: <<Ahora, ¿cómo pudiste comer pan con infieles? ¡Que Dios te perdone, Juan! pero dime, ¿Cómo te comportaste a la mesa? ¿Trataste de tener el lugar más honorable? ¿Pediste la comida más delicada? ¿Hablaste a la mesa cuando no te preguntaban? ¿Te consideraste más digno de sentarte a la mesa que los demás?>>.

            Juan contestó: <<Como que Dios vive, yo no me atreví a levantar los ojos, viéndome a mi, un pobre pescador, mal vestido, sentado entre los varones del rey. Entonces, cuando el rey me dio un pequeño pedazo de carne, me pareció que el mundo caía sobre mi cabeza, por la grandeza del favor que el rey me hacía. Y verdaderamente digo que, si el rey hubiera sido de nuestra Ley, yo hubiera estado dispuesto a servirlo todos los días de mi vida>>.

            Jesús gritó: <<Detente Juan, porque temo que Dios te arroje al abismo, como a Abiram por tu soberbia!>>.

            Los discípulos temblaron de temor por las palabras de Jesús; cuando el dijo otra vez: <<Temamos a Dios, que él no nos arroje al abismo por nuestra soberbia.

            Oh hermanos, ¿habéis oído de Juan qué es lo que se hace en la casa de un príncipe? ¡Ay de los hombre que entran al mundo, ya que como ellos viven en soberbia ellos mueren en desprecio y entrarán a la confusión!

            Porque este mundo es una casa donde Dios agasaja a los hombres, donde han comido todos los santos y Profetas de Dios.  Y verdaderamente os digo, todo lo que un hombre recibe, él lo recibe de Dios. Por lo tanto el hombre debería comportarse con la más profunda humildad; conociendo su propia vileza y la grandeza de Dios, con la gran generosidad con que El nos sustenta. Por lo tanto no es lícito para el hombre decir: "Ah, ¿porque se hace y se dice esto en el mundo?", sino más bien considerarse así mismo como él es en verdad, indigno de pararse en el mundo ante la mesa de Dios. Como que Dios vive, ante Cuya Presencia comparece mi alma, no hay nada tan pequeño recibido aquí en el mundo de (la mano) de Dios, sino que en pago el hombre debería pasar su vida para el amor de Dios.

            Como que Dios vive, tú no pecaste, oh Juan, al comer con Herodes, ya que fue la disposición de Dios que así lo hicieras, para que tú pudieses ser nuestro maestro  y el (maestro) de todo el que tema a Dios, Haced así>>, dijo Jesús, <<para que podáis vivir en el mundo como Juan vivió en la casa de Herodes cuando el comió pan con él, ya que así estaréis en verdad libres de toda soberbia>>.

CAPÍTULO 132

            Caminando Jesús a lo largo del mar de Galilea fue rodeado por una gran multitud de gente, así que él se subió a un pequeño bote que estaba solo a corta distancia de la costa, y ancló cerca de la tierra para que la voz de Jesús pudiese ser escuchada. Entonces todos se acercaron al mar, y sentándose esperaron su palabra. El entonces abrió la boca y dijo: <<He aquí que un sembrador fue a sembrar, y entonces cuando el sembraba algunas de las semillas cayeron en el camino, y estas fueron


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