pisoteadas bajo los pies de las gentes y comidas por los pájaros; algunas cayeron sobre las rocas, y entonces cuando germinaron, como no tenían humedad, fueron quemadas por el sol; algunas cayeron en el seto, y entonces cuando germinaron las espigas ahogaron a la semilla; y algunas cayeron en buena tierra, y entonces dieron fruto, hasta 30, 60 y 100 veces>>.

            Otra vez habló Jesús: <<Hé aquí que el padre de una familia sembró buena semilla en su campo; entonces, cuando los sirvientes del buen hombre dormían, vino el enemigo del hombre su amo y sembró malas hierbas sobre la buena semilla.  Entonces, cuando el grano germinó, se vió brotar entre el grano una gran cantidad de malas hierbas. Los sirvientes vinieron al amo y dijeron: "Oh señor, ¿no sembraste tu buena semilla en tu campo? ¿Por qué entonces ha brotado allí una gran cantidad de cizaña?" El amo respondió: "Buena semilla sembré yo, pero mientras los hombres dormían el enemigo del hombre vino y sembró malas hierbas sobre el grano".

            Dijeron los sirvientes:  "¿Quieres que vayamos y arranquemos la cizaña de entre el grano?".

            El amo respondió: "No lo hagáis, porque podríais arrancar el grano con ellas; pero esperad hasta que llegue el tiempo de la cosecha. Porque entonces iréis y arrancaréis la cizaña de entre el grano, y arrojaréis las hierbas al fuego para quemarlas, pero el grano lo pondréis en mi granero">>.

            Otra vez dijo Jesús: <<Salieron muchos hombres a vender higos. Pero cuando ellos llegaron al mercado, hé aquí que las gentes no buscaban buenos higos sino hojas bonitas. Por lo tanto los hombres no fueron capaces de vender sus higos. Y viendo esto, un malvado ciudadano dijo: "En verdad puedo volverme rico". Entonces él llamó a sus dos hijos y (dijo):  "Id y colectad una gran cantidad de hojas con higos malos". Y éstas ellos vendieron por su peso en oro, porque los hombres estaban muy complacidos con las hojas. Entonces las gentes, comiendo los higos (malos), se enfermaron de una grave enfermedad>>.

            Otra vez dijo Jesús: <<He aquí que un ciudadano tenía una fuente, de la cual todos los ciudadanos vecinos tomaban agua para lavar sus impurezas; pero el ciudadano dejaba que sus propias ropas se pudrieran>>.

            Otra vez dijo Jesús: <<Salieron dos hombres a vender manzanas. Uno escogió vender la cáscara de las manzanas por su peso en oro, no importándole nada la sustancia de las manzanas. El otro quiso dar las manzanas, recibiendo sólo un poco de pan por su viaje. Pero las gentes compraban las cáscaras de las manzanas por su peso en oro, no importándoles el que estaba dispuesto a dárselas, no, incluso lo despreciaban>>.

            Y así ese día habló Jesús a la multitud en parábolas.  Entonces habiéndolos despedido, él fue con sus discípulos a Naím, donde él había resucitado al hijo de la viuda; el cual, con su madre, lo recibió en su casa y lo atendió.

CAPÍTULO 133

            Sus discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron, diciendo:  <<Oh maestro, dínos el significado de las parábolas que tu hablaste a las gentes>>.

            Jesús respondió: <<La ora de la oración se acerca; por lo tanto cuando haya terminado la oración de la noche yo os diré el significado de las parábolas>>.




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