El ciudadano que tiene agua y da agua a los demás para que laven sus impurezas, pero deja que sus propias ropas se pudran, es el maestro que a los demás predica la penitencia pero él mismo vive todavía en pecado.

            ¡Oh hombre miserable, porque no los ángeles sino su propia lengua escribe en el aire el castigo que es adecuado para él!

            Si uno tuviera la lengua de un elefante, y el resto de su cuerpo fuera tan pequeño como una hormiga, ¿no sería esto algo monstruoso? Sí, seguramente. Ahora yo os digo, verdaderamente, que más monstruoso es el que predica penitente a los demás, pero él mismo no se arrepiente de sus pecados.

            Los dos hombres que venden manzanas son: el uno, el que predica por amor a Dios, por lo que él no adula a nadie, sino que predica la verdad, buscando sólo los medios de vida como un hombre pobre. Como que Dios vive, ante Cuya Presencia comparece mi alma, dicho hombre no es recibido por el mundo, sino más bien que despreciado. Pero el que vende la cáscara por su peso en oro, y tira la manzana, es el que predica para complacer a los hombres; y, así adulando al mundo, él arruina el alma que sigue su adulación. ¡Ah, cuántos han perecido por esta causa!>>.

            Entonces contestó el que escribe y dijo: <<¿Cómo debería escuchar la palabra de Dios; y como puede uno conocer al que predica por amor a Dios?>>.

            Jesús contestó: <<El que predica debería ser escuchado como si fuera Dios quien hablase, cuando él predique buena doctrina; porque Dios está hablando a través de su boca. Pero el que no reprueba los pecados, teniendo respeto de personas, adulando a los hombres en particular, debe ser evitado como una horrible serpiente, ya que en verdad él envenena el oído humano.

            ¡Entendéis vosotros? Verdaderamente os digo, que así como un hombre herido no tiene necesidad de vendas bonitas para envolver sus heridas, sino más bien de un buen ungüento, así tampoco el pecador tiene necesidad de palabras bellas, sino más bien de unos buenos reproches, para que él pueda cesar de pecar>>.

CAPÍTULO 135

            Entonces dijo Pedro: <<Oh maestro, dime cómo los perdidos serán atormentados, y cuánto tiempo estarán en el infierno, para que el hombre pueda huir del pecado>>.

            Jesús respondió: <<Oh Pedro, es una gran cosa lo que has preguntado, no obstante, si place a Dios, yo te contestaré.  Sabed, por lo tanto, que el infierno es uno, sin embargo tiene siete centros, ya que siete son las puertas del infierno que satanás ha generado; así hay siete castigos allí.

            Porque el soberbio, que es el más alto en corazón, será hundido en el centro más bajo, pasando por todos los centros encima de él, y sufriendo en todos ellos todos los dolores que hay allí. Y como aquí buscaba él ser más alto que Dios, al desear actuar según su propia manera, contrario a lo que Dios ordena, y no deseando reconocer a nadie por encima de él, así allí será puesto él bajo los pies de Satanás y sus demonios, los cuales le pisotearán como son pisadas las uvas cuando se hace el vino, y él será siempre burlado y despreciado por los diablos.

            El envidioso, que aquí se disgusta por el bienestar de su prójimo y se regocija por su desgracia, bajará al sexto centro, y allí será mordido por las fauces de un gran número de serpientes infernales. Y le parecerá que todas las cosas en el Infierno se alegran de su tormento, y se quejan de

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