ancianos del pueblo, y obtendrán autoridad del gobernador romano para matarme, ya que ellos temerán que yo quiera usurpar el reino de Israel.  Más aún yo seré vendido por uno de mis discípulos, como José fue vendido por uno de mis discípulos, como José fue vendido en Egipto.  Pero el justo Dios lo hará fallar, como dijo el Profeta David: "El hará caer en el hoyo a quien tendió una trampa para su vecino".  Ya que Dios me salvará de las manos de ellos, y me sacará del mundo".

            Los tres discípulos tuvieron miedo; pero Jesús los consoló diciendo "No temáis, porque ninguno de vosotros me traicionará".  Con lo cual ellos recibieron algo de consuelo.         Al día siguiente vinieron, de dos en dos, 36 de los discípulos de Jesús; y él permaneció en Damasco esperando a los demás.  Y todos ellos se lamentaban, porque supieron que Jesús debería partir del mundo. Entonces él abrió la boca y dijo: "Infeliz ciertamente es el que camina sin saber a dónde va; pero más infeliz es el que es capaz y sabe cómo llegar a una buena hostería, y sin embargo desea y quiere permanecer en el camino inhóspito, en la lluvia, y en peligro de asaltantes.  Decidme hermanos, ¿es este mundo nuestro país nativo ? Seguramente no, ya que el primer hombre fue arrojado al mundo como en exilio, y allí el sufre el castigo a su error.  ¿Puede hallarse acaso algún exiliado que no aspire a regresar a su propio rico país cuando él se encuentra en pobreza ? Seguramente la razón lo niega, pero la experiencia lo prueba, porque los amantes del mundo no pensarán en la muerte; no, cuando uno les habla de ello, ellos no escucharán a sus palabras.

CAPÍTULO 140

            Creed, oh hombres, que yo vine al mundo con un privilegio que ningún hombre ha tenido, ni siquiera el Mensajero de Dios lo tiene; ya que Dios no creó al hombre par ponerlo en el mundo, sino más bien para colocarlo en el paraíso.

            Seguro es que el que no tiene esperanza de recibir nada de los romanos, ya que ellos son de una ley que es extraña a él, no está dispuesto a dejar su propio país con todo lo que el tiene, para nunca regresar e ir a vivir a Roma. Y mucho menos haría eso él cuando él mismo sabe que ha ofendido a César. Así mismo os digo en verdad y Salomón, el Profeta de Dios, grita conmigo: "Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo para los que tienen descanso en sus riquezas". Yo no digo esto porque yo tenga que morir ahora; ya que yo estoy seguro de que viviré hasta cercano el fin del mundo.

            Pero yo os hablaré de esto para que podáis aprender a morir.  Como que Dios vive, todo lo que es hecho, aunque sea una vez, muestra que para hacer bien una cosa es necesario ejercitarse uno en ello.

            ¿Habéis visto a los soldados, cómo en tiempo de paz ellos se ejercitan unos con otros como si estuvieran en guerra?  ¿pero cómo va a morir una buena muerte el hombre , si no ha aprendido a morir bien ?

            "Preciosa es la muerte del santo a la vista del Señor", dijo el Profeta David, ¿Sabéis por qué ? Yo os lo diré: es por qué ? Yo os lo diré: es porque, así como todas las cosas raras son preciosas, así la muerte de los que mueren bien, como son escasos, es preciosa a la vista de Dios nuestro Creador.            Con seguridad, cuando un hombre empieza algo, no sólo está dispuesto a terminar lo mismo, sino que él se esfuerza para que su plan pueda tener una buena conclusión.

            Oh hombre miserable, que aprecia a su ropa más que así mismo; ya que cuando él corta tela él mide cuidadosamente antes de cortarla; y cuando está cortado la cose él con cuidado.  Pero su vida


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