CAPÍTULO 149

            El más joven respondió: "El que mantuvo buenas las ropas del pueblo de Israel durante 40 años en el desierto ha mantenido mis pieles tales como tú las viste".

            Entonces el mayor se dio cuenta de que el más joven era más perfecto que él, ya que él había tenido cada año contacto con las gentes. Por lo tanto, para poder tener (el beneficio de) su conversión, él dijo: "Hermano, tú no sabes leer, y yo se leer, y tengo en mí casa los Salmos de David. Ven, entonces, para que yo pueda cada día darte una lectura y explicarte lo que dijo David".
            El más joven respondió: "Vayamos ahora".
            Dijo el mayor: "Oh hermano, hace hora dos meses desde que bebí agua. Vayamos, por lo tanto, y veamos lo que Dios dijo a través de Su Profeta David".
            El más joven respondió: "Vayamos ahora".    Dijo el mayor: "Oh hermano, hace ahora dos meses desde que bebí agua.  Vayamos,  por lo tanto, y veamos lo que Dios dijo a través de Su Profeta David: "el Señor es capaz de darnos agua".

            Por lo tanto ellos regresaron a la vivienda del mayor, ante cuya puerta hallaron un manantial de agua fresca.

            Dijo el mayor: "Oh hermano, tú eres un santo de Dios; ya que por tu bien ha dado Dios este manantial".

            El más joven contestó: "Oh hermano, humildemente dijiste esto; pero cierto es que si Dios hubiera hecho esto para mí El habría puesto un manantial cerca de mi morada, para que yo   no partiese (en busca de ella). Porque yo te confieso que he pecado contra ti. Cuando tú dijiste que durante dos días que tú buscaste agua;  y que yo había estado durante dos meses sin beber, entonces yo sentí una exaltación dentro de mí, como si yo fuera mejor que tú".

            Entonces dijo el mayor: "Oh hermano, tu dijiste la verdad, por lo tanto tú no pecaste".

            Dijo el más joven: "Oh hermano, tu has olvidado lo que dijo nuestro padre Elías, que el busca a Dios debe condenarse sólo a sí mismo. Seguramente él no lo escribió para que lo supiésemos, sino más bien para que lo observásemos".

            Dije el de más edad, dándose cuenta de la veracidad y rectitud de su compañero: "Es cierto; y nuestro Dios te ha perdonado".  Y habiendo dicho esto él tomó los Salmos, y leyó lo que dijo nuestro padre David: "Yo pondré un guardián sobre mi boca par que mi lengua no se incline a palabras de iniquitud, excusando mi pecado con pretextos". Y aquí el hombre mayor dio un discurso acerca de la lengua, y el más joven partió. Entonces pasaron otros 15 años hasta que se encontraron, ya que el más joven había cambiado de morada.

            Entonces, cuando él  lo encontró otra vez, el mayor dijo: "Oh hermano, ¿por qué no regresaste mas a mi vivienda?".
            El más joven respondió: "Porque todavía no he aprendido bien lo que tú me dijiste".
            Entonces dijo el mayor: ¿Cómo puede ser esto, si han pasado 15 años?".

            El más joven replicó: "En cuanto a las palabras, yo las aprendí en una sola hora y nunca las he olvidado; pero todavía no las he observado. ¿Qué propósito tiene, entonces, aprender mucho y no observarlo? Nuestro Dios no busca que nuestro intelecto sea bueno, sino más bien nuestro corazón. Así, en el Día del Juicio, El no nos preguntará lo que aprendimos, sino lo que hicimos".


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