El ciego fue, y habiéndose lavado recibió luz; y entonces; al regresar a su casa, muchos que lo encontraban decían: <<Si este hombre fuera ciego yo juraría por cierto que él es el que solía sentarse a la hermosa puerta del Templo>>. Otros decían: <<ES él, ¿pero cómo ha recibido la luz?>>. y ellos lo acosaban diciendo: <<¿Eres tú el ciego que solía sentarse a la hermosa puerta del Templo?>>.

            El contestaba: <<Yo soy él, ¿y qué?>>.         Ellos decían: <<Pero cómo recibiste la luz?>>           El respondió: <<Un hombre hizo lodo, escupiendo en el suelo y puso este lodo sobre mis ojos, y me dijo: "Ve y lavate en la piscina de Siloam". Yo fui y me lavé, y ahora veo: ¿Bendito sea el Dios de Israel!>>.

            Cuando el hombre ciego de nacimiento fue de nuevo a la puerta hermosa del Templo, todo Jerusalén estaba lleno del asunto. Entonces él fue llevado ante el jefe de los sacerdotes, el cual estaba conspirando con los sacerdotes y los fariseos contra Jesús.

            El sumo sacerdotes le preguntó, diciendo: <<Hombre, ¿naciste ciego?>>.

            <<Sí>>, contestó él.

            <<Ahora da gloria a Dios>>, dijo el sumo sacerdote, <<y cuéntanos qué Profeta se te apareció en un sueño y te dio la luz. ¿Fue nuestro padre Abrahán, o Moisés el siervo de Dios, o algún otro Profeta? Ya que otros no podrían hacer eso>>.            El ciego de nacimiento replicó: <<Ni Abrahán ni Moisés, ni ningún Profeta ví yo en un sueño y me curó, sino que cuando estaba yo sentado a la puerta del Templo un hombre me hizo acercarme a él y, habiéndome hecho lodo de la tierra escupiendo en ella, me puso algo de ese lodo sobre mis ojos y me envió a la piscina de Siloam a lavarme; así que fui, y me lavé, y volví con luz en mis ojos>>.            El sumo sacerdote le preguntó el nombre de ese hombre.

            El ciego de nacimiento contesto: <<El no me dijo su nombre, pero un hombre que lo vio me llamó y me dijo: "Vé y lavate como dijo ese hombre, ya que el es Jesús el Nazareno, un Profeta y santo del Dios de Israel">>.

            Entonces dijo el sumo sacerdote: <<¿Te curó él acaso hoy, o sea, en sábado?>>.

            El ciego respondió: <<Hoy me curo él>>.

            Dijo el sumo sacerdote: <<Mira pues, cómo ese hombre es un pecador, ya que él no guarda el sábado!>>.

CAPÍTULO 157

            El ciego respondió: <<Si él es pecador yo no lo sé; pero esto es lo que sé, que yo era ciego,y él me dio la luz>>.

            Los fariseos no creyeron esto: así lo dijeron ellos al sumo sacerdote: "Envía a buscar a su padre y su madre del ciego, y cuando ellos llegaron ante el sumo sacerdote, él los interrogó, diciendo: <<¿Es este hombre vuestro hijo?>>.

            Ellos respondieron: <<Ciertamente el es nuestro hijo>>.





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