CAPÍTULO 161

            <<¿Habéis escuchado todo?>>, dijo Jesús.

            Los discípulos respondieron: <<Sí, señor>>.

            Entonces Jesús dijo: <<Mentir es ciertamente un pecado, pero el asesinato es uno mayor, porque la mentira es un pecado que afecta al que la dice, pero el asesinato, mientras que afecta al que lo comete, es tal que destruye también la cosa más querida que Dios tiene aquí en la Tierra, o sea, el hombre. Y mentir puede ser remediado diciendo lo contrario de lo que había sido dicho; mientras que el asesinato no tiene remedio, ya que no es posible dar vida otra vez a los muertos. Decidme, entonces, ¿pecó Moisés, el siervo de Dios, al matar a todos los que él mató?>>.

            Los discípulos respondieron: <<Dios no lo quiera; ¡Dios no quiera que Moisés hubiera pecado al obedecer a Dios que se lo ordenó!>>.

            Entonces dijo Jesús: <<Y yo os digo, Dios no quiera que hubiera pecado aquel ángel que engañó a los falsos Profetas de Ahab con la mentira; ya que así como Dios recibió la matanza de hombres como sacrificio, así recibió El la mentira como alabanza. En verdad, en verdad os digo, que así como se equivoca el niño que hace que sus zapatos sean hechos a la medida de un gigante, asimismo se equivoca el que quiera someter a Dios a la ley. Por lo tanto, cuando creáis que sólo es pecado aquello que Dios no quiere, vosotros hallaréis la verdad, tal como yo os he dicho. Entonces, como Dios no es compuesto ni cambiable, así también El no puede desear y no desear una misma cosa; ya que entonces El tendría contradicción en Si Mismo, y consecuentemente dolor, y no sería infinitamente Bendito>>.

            Felipe contestó: <<¿Pero cómo ha de entenderse el dicho del Profeta Amós, de que "no hay mal en la ciudad que Dios no lo haya hecho"?>>.         Jesús respondió: <<Vé ahora aquí, Felipe qué grande es el peligro de confiar en la letra, como hacen los fariseos, quienes han inventado para sí mismos la "predestinación de Dios en los elegidos", de tal manera que ellos dicen en realidad que Dios es injusto, un engañador y un mentiroso y que odia el Juicio (que caerá sobre ellos).

            Por lo tanto yo digo que aquí Amós el Profeta de Dios habla del mal que el mundo llama mal; ya que si él hubiera usado el lenguaje de los justos él no habría sido entendido por el mundo. Porque todas las tribulaciones son un bien, ya sea porque ellas purgan el mal que hemos hecho, o son un bien porque nos hacen restringirnos de hacer el mal, o son un bien porque hacen que el hombre conozca la condición de esta vida, para que podamos amar y anhelar la vida eterna. Por ello, si el Profeta Amós hubiera dicho: "No hay bien en la ciudad sino el que Dios ha obrado", él habría dado ocasión de desesperación al afligido, ya que ellos se considerarían en tribulación y a los pecadores como prósperos. Y, lo que es peor, muchos, creyendo que Satanás tiene tal soberanía sobre el hombre, habrían temido a Satanás y le habrían adorado, para así no sufrir tribulaciones. Amós por lo tanto hizo como hace el intérprete romano, quien no considera sus palabras (como uno) hablando en presencia del sumo sacerdote, sino que considera la voluntad y el negocio del judío que no sabe hablar el idioma romano.

CAPÍTULO 162

            Si Amós hubiera dicho: "No hay bien en la ciudad sino el que Dios ha hecho", como que Dios vive, ante Cuya Presencia comparece mi alma, él habría cometido un gravísimo error, ya que el mundo no considera bueno sino las iniquidades y los pecados que son hechos en el camino de la


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