CAPÍTULO 171

            <<¿Qué pensáis del Paraíso?>>, dijo Jesús a sus discípulos, <<¿hay una mente que pueda comprender tales riquezas y delicias? Es necesario que el hombre tenga un conocimiento tan grande como el de Dios si él quiere conocer lo que Dios dará a Sus siervos.          ¿Habéis visto cuando Herodes hace un regalo a alguno de sus barones favoritos, de qué manera se lo da?>>.

            Juan respondió: <<Yo lo he visto dos veces; y ciertamente la décima parte de lo que él da sería suficiente para un hombre pobre>>.

            Dijo Jesús: <<Pero si un pobre le diera un regalo a Herodes, ¿qué le daría?>>.

            Juan contestó: <<Una o dos moneditas>>.    <<Ahora, que éste sea vuestro libro en el que estudiéis el conocimiento del Paraíso>>, dijo Jesús, <<porque todo lo que Dios le ha dado en este mundo actual para su cuerpo es como si Herodes le diera una monedita a un pobre; pero lo que Dios le dará al cuerpo y al alma en el Paraíso es como si Herodes diese todo lo que él tiene e incluso su propia vida, a uno de sus sirvientes.

CAPÍTULO 172

            Dios dice así al que lo ama y lo sirve fielmente: "Mira y medita acerca de las arenas del mar, oh siervo Mío, cuántas son. Así que, si el mar te diese un solo grano de arena, ¿te parecería pequeño? Claro que si. Como que Yo, tu Creador, vivo, todo lo que Yo he dado en este mundo a todos los príncipes y reyes de la Tierra es menos que un grano de arena que el mar te diese, en comparación con lo que Yo te daré en Mi paraíso">>.

CAPÍTULO 173

            <<Considerad, entonces>>, dijo Jesús, <<la abundancia del Paraíso. Ya que si Dios ha dado al hombre en este mundo una onza de bienestar, en el Paraíso El le dará diez veces 100.000 cargas. Considerad la cantidad de frutos que hay en este mundo, la cantidad de alimento, la cantidad de flores, y la cantidad de cosas que sirven al hombre. Como que Dios vive, ante Cuya Presencia comparece mi alma, así como el mar tiene todavía arena arriba y abajo cuando uno toma un grano de él, asimismo la calidad y cantidad de higos (en el Paraíso) es superior a la clase de higos que comemos aquí. Y de manera similar toda otra cosa en el Paraíso. Pero más aún, yo os digo que verdaderamente, así como una montaña de oro y perlas es más preciosa que la sombra de una hormiga, asimismo son las delicias del Paraíso más preciosas que todas las delicias de los príncipes del mundo que ellos tiene y tendrán hasta el Juicio de Dios, cuando el mundo llegue a su fin>>.

            Pedro contestó: <<¿Entrará, entonces, al Paraíso el cuerpo que ahora tenemos?>>.

            Jesús contestó: <<Ten cuidado, Pedro, o de lo contrario te volverás un Saduceo; ya que los Saduceos dicen que la carne no resucitará, y que no hay ángeles. Por lo tanto sus cuerpos y almas tienen negada la entrada al Paraíso, y ellos están privados del servicio de los ángeles en este mundo. ¿Acaso olvidaste cómo dijo Job, Profeta y amigo de Dios: "Yo sé que mi Dios vive; y en el último día yo seré resucitado en mi carne, y con mis ojos yo veré a Dios mi Salvador"?.

            Pero creédme, esta carne nuestra será purificada tanto que no poseerá una sola propiedad de las que ahora tiene; ya que será purgada de todo mal deseo, y Dios la reducirá a una condición tal como la de Adán antes de que él pecado.


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