Dos hombres sirven a un amo en una y misma obra. Uno sólo vé el trabajo, y da órdenes al segundo, y el segundo ejecuta todo lo que el primero ordena. ¿Os parece justo digo, que el amo recompense sólo al que vé y ordena, y arroje de su casa al que se cansó trabajando? Seguro que no. ¿Cómo entonces soportará esto la Justicia de Dios? El alma y el cuerpo con el sentido del hombre sirven a Dios; el alma sólo vé y ordena el servicio, ya que el alma, al no comer pan, no ayuna, (el alma) no camina, no siente frío ni calor, no cae enferma, y no esmaltada, porque el alma es inmortal: ella no sufre ninguno de los dolores corporales que el cuerpo sufre a merced de los elementos. ¿Es, entonces, justo, digo yo, que sólo el alma entre al Paraíso, y no el cuerpo, que tanto se ha cansado de servir a Dios?>>.

            Pedro contestó: <<¿Pero cómo ha de pecar el cuerpo sin el alma? Ciertamente es imposible. Por lo tanto, al quitar la misericordia de Dios del cuerpo, tú condenas el alma al infierno.

CAPÍTULO 174

            Como que Dios vive, ante Cuya Presencia comparece mi alma, nuestro Dios prometió. Su Misericordia al pecador, diciendo: "En la hora en que el pecador lamente su pecado, Yo Mismo no recordaré jamás sus iniquidades". Ahora, ¿quién va a comer las carnes del Paraíso, si el cuerpo no va allí? ¿El alma? Seguramente no, ya que ella es espíritu>>.

            Pedro contestó: <<Así entonces, los benditos comerán en el Paraíso: ¿pero cómo será la carne eliminada de impurezas?>>.

            Jesús respondió: <<¿Pero qué bendiciones tendrá el cuerpo si él no come ni bebe? Seguramente es adecuado dar gloria en proporción a la cosa glorificada. Pero tú te equivocas, Pedro, al pensar que esa carne estará envuelta en impureza, porque este cuerpo en el tiempo actual come carnes corruptibles, y así es que sale la putrefacción; pero en el Paraíso el cuerpo será incorruptible, impasible, e inmortal, y libre de toda miseria; y las carnes, que son sin defecto alguno, no generarán ninguna putrefacción.

CAPÍTULO 175

            Dios dijo así en Isaías el Profeta, despreciando a los réprobos: "Mis siervos se sientan ante Mi mesa en Mi casa y comerán festivamente, con alegría y con el sonido de arpas y órganos, y Yo no dejaré que tengan necesidad de cosa alguna. Pero vosotros que sois Mis enemigos seréis expulsados lejos de Mi, y moriréis en la misería, mientras todo siervo Mío os despreciará">>.

CAPÍTULO 176

            <<¿De qué sirve decir: "Ellos comerán festejando"?>>, dijo Jesús a sus discípulos; <<seguramente Dios habla claro. ¿Pero para qué propósito son los cuatro ríos de precioso licor en el Paraíso, con tantas frutas? Ciertamente, Dios no come, los ángeles no comen, el alma no come, el sentido no come, sino más bien la carne, la cual es nuestro cuerpo. Por lo tanto la gloria del Paraíso es para el cuerpo las carnes, y para el alma y el sentido Dios y la conversación de los ángeles y espíritus benditos. Esa gloria será revelada mejor por el Mensajero de Dios, quien (ya que Dios creó todas las cosas por amor a él) conoce todas las cosas mejor que ninguna otra criatura>>.

            Dijo Bartolomé: <<Oh maestro, ¿será la gloria del Paraíso igual para todos los hombres? Si es igual, no será justo, y si no es igual, los menores envidiarán a los mayores>>.


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