de agua hay en el mar, y como (hojas de) pasto hay sobre el suelo, y como hojas hay en los árboles, y como piel hay sobre los animales; y muchas veces más que los granos de arena que llenarían los cielos y el Paraíso, y más>>.

            Entonces dijo Jesús: <<Hagamos reverencia a nuestro Dios el Cual es Bendito eternamente>>. Entonces ellos inclinaron sus cabezas 100 veces y se postraron de cara al suelo en oración.

            Cuando la oración hubo terminado, Jesús llamó a Pedro y le dijo y a todos los discípulos lo que él había visto. Y a Pedro le dijo: <<Tu alma, que es mayor que toda la Tierra, por un ojo vé el sol, el cual es mil veces mayor que toda la Tierra>>.

            <<Es verdad>>, dijo Pedro.   Entonces dijo Jesús: <<Asimismo, a través de (los ojos) del Paraíso, verás tú a Dios nuestro Creador>>. Y habiendo dicho esto, Jesús dio gracias a Dios nuestro Señor, rezando por la casa de Israel y por la ciudad santa. Y todos contestaron: <<Así sea, Señor>>.

CAPÍTULO 180

            Un día, estando Jesús en el porche de Salomón, se acercó allí a él un escriba, uno de los que hacía discursos a la gente, y le dijo: <<Oh maestro, he dado muchas veces discursos a esta gente, y hay en mi mente un pasaje de las Escrituras que no soy capaz de entender>>.

            Jesús contestó: <<¿Y qué es?>>.        Dijo el escriba: <<El que le dijo Dios a Abrahán nuestro padre: "Yo seré tu gran recompensa". Ahora, ¿cómo puede el hombre merecer (tal recompensa)?>>.

            Entonces Jesús se alegró en espíritu, y dijo: <<¡Seguramente tú no estas lejos del Reino de Dios! Escúchame, ya que yo te diré el significado de esa enseñanza. Dios, siendo infinito, y el hombre finito, el hombre no puede merecer a Dios -y ¿es esta tu duda, hermano?>>.

            El escriba respondió, llorando: <<Señor, tú conoces mi corazón; habla, por lo tanto, ya que mi alma desea oír tu voz>>.

            Entonces dijo Jesús: <<Como que Dios vive el hombre no puede merecer ni el pequeño aliento que él recibe cada momento>>.

            El escriba estaba fuera de sí, al oír esto, y similarmente lo discípulos se maravillaron, ya que ellos recordaron lo que Jesús dijo, que cualquier cosa que ellos dieran por amor a Dios, lo recibirían multiplicado cien veces.

            Entonces dijo él: <<Si alguien te prestara cien monedas de oro, y tú gastases esas monedas, ¿podrías decirle a ese hombre: "Te doy una hoja seca de vid; dáme por lo tanto tu casa, porque yo la merezco"?>>.

            El escriba respondió: <<No, señor, porque él primero debería pagar lo que él debía, y entonces, si él desease algo, él le debería dar cosas buenas, ¿pero de qué sirve una hoja seca?>>.

CAPÍTULO 181

            Jesús contestó: <<Bien has dicho, oh hermano; así que dime, ¿quién creó de la nada al hombre? Ciertamente fue Dios, Quien también le dio el mundo entero para su beneficio. Pero el


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