hombre al pecar lo gastó todo, por razón de cuyos pecados todo el mundo se volvió contra el hombre, y el hombre en su miseria no tiene nada qué dar a Dios sino obras corrompidas por el pecado. Y que, al pecar cada día; él corrompe sus propias obras, así que Isaías el Profeta dice: "Nuestras obras piadosas son 'como un trapo menstrual'".

            ¿Cómo, entonces, tendrá mérito el hombre, viendo que él es incapaz de dar satisfacción?. ¿Es, acaso, que el hombre no peca? Cierto es que nuestro Dios dijo por su Profeta David: "Siete veces al día cae el virtuoso"; ¿cuántas, entonces, caerá el impío? Y si nuestras obras piadosas son corruptas, ¡qué abominables son nuestras impiedades! Como que Dios vive, no hay nada que el hombre deba enviar más que decir: "Yo merezco". Que el hombre conozca, hermano, las obras de sus manos, y él inmediatamente verá su mérito. Toda cosa buena que sale de un hombre, ciertamente el hombre no lo hace, sino que Dios lo obra en él; ya que su ser es de Dios Quien lo creó. Lo que el hombre hace es contradecir a Dios su Creador y cometer pecado, por lo que él no merece recompensa, sino tormento.

CAPÍTULO 182

            No sólo creó Dios al hombre, digo, sino que El lo creó perfecto. El le dio el mundo entero; después de la partida del Paraíso El le dio dos ángeles para cuidarlo, él le envió los Profetas, El le otorgó la Ley, El le otorgó la fe, cada momento El lo libra de Satanás, El está dispuesto a darle el Paraíso; no, aún más, Dios quiere darse a si Mismo al hombre. Considerad, entonces, la deuda, ¡es una gran deuda!, (una deuda) para pagar la cual vosotros habríais tenido que crear vosotros mismos al hombre de la nada, haber creado tantos Profetas como los que Dios envió, con un mundo y un Paraíso; no, más aún, con un Dios grande y bueno como lo es nuestro Dios, y dárselo todo a Dios. Así sería cancelada la deuda y quedaría para vosotros solamente la obligación de dar gracias a Dios. Pero ya que vosotros no sois capaces de crear una sola mosca, y viendo que hay sólo un Dios que es Señor de todas las cosas, ¿cómo seréis capaces de cancelar vuestra deuda? Ciertamente, si un hombre os prestase cien monedas de oro, vosotros estaríais obligados a restaurarle cien monedas de oro.

            Por lo tanto, el sentido de esto, oh hermano, es que Dios, siendo Señor del Paraíso y de todo, puede decir lo que le plazca, y dar a quienquiera que El le plazca. Así que, cuando El le dijo a Abrahán: "Yo seré tu gran recompensa", Abraham no podía decir: "Dios es mi recompensa", sino "Dios es mi regalo y mi deuda". Entonces, cuando dés discursos a las gentes, oh hermano, tú deberías explicar así este pasaje: que Dios le dará al hombre tales y cuales cosas si el hombre obra bien.

            Cuando Dios te hable, oh hombre, y diga: "Oh siervo Mío, tú has actuado bien por amor a Mi, ¿qué recompensa pides tú de Mi, tu Dios"?, responde: "Señor, viendo que yo soy la obra de Tus manos, no es adecuado que haya pecado en mi, lo cual ama Satanás. Por lo tanto, Señor, para Gloria Tuya propia, ten misericordia de la obra de Tus manos".

            Y si Dios dice: "Yo te e perdonado, y ahora quiere recompensarte", responde: "Señor, yo merezco el castigo por lo que he hecho, y por lo que Tú has hecho tu mereces ser glorificado. Castiga, Señor, en mi lo que he hecho, y salva a lo que tú has obrado".

            Y si Dios dice: "¿Qué castigo te parece adecuado por tu pecado?", contesta: "Tanto, oh Señor, como sufrirán todos los condenados".

            Y si Dios dice: "¿Por qué solicitas tú tan gran castigo, oh Mi siervo fiel?", responde: "Porque cada uno de ellos, si hubieran recibido de Ti tanto como yo recibí, te habrían servido más fielmente de lo que yo (he hecho)".

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