Oseas contestó: "Me a sido quitado". "¿Quién te lo quitó?", dijo el discípulo.          Oseas respondió: "El libro de Moisés". Oyendo esto, el otro fue a ver a Ageo y le dijo: "Oseas se ha vuelto loco, ya que él dice que el libro de Moisés le quitó el libro de Moisés".

            Ageo contestó: "Dios quisiera, oh hermano, que yo estuviera loco de manera similar, ¿y que todos los locos fueran como Oseas!".

            Ahora, los ladrones sirios, habiendo arrasado la tierra de Judea, agarraron al hijo de una pobre vida, que vivía cerca del Monte Caramelo, donde vivían los Profetas y fariseos. Sucedió, por casualidad, que habiendo ido Oseas a cortar leña se encontró a la mujer, que estaba llorando. Entonces él de inmediato empezó a llorar; ya que siempre que veía que alguien reía él reía, y cuando él veía llorar a alguien él lloraba. Oseas entonces le preguntó a la mujer la razón de su llanto, y ella le contó todo.

            Entonces dijo Oseas: "Ven, hermana, ya que Dios quiere darte tu hijo".       Y ambos fueron a Hebrón, donde Oseas se vendió a si mismo, y dio el dinero a la viuda, la cual, no sabiendo cómo había obtenido él ese dinero, lo aceptó y rescató a su hijo.

            El que había comprado a Oseas lo llevó a Jerusalén, donde él tenía una morada, no conociendo a Oseas.

            Ageo, al ver que Oseas no podía ser hallado, quedó afligido. Entonces el ángel de Dios le contó cómo había sido llevado como esclavo a Jerusalén.

            El buen Ageo, cuando oyó esto, lloró por la ausencia de Oseas como una madre llora por la ausencia de su hijo. Y habiendo llamado a dos discípulos él fue a Jerusalén. Y por la Voluntad de Dios, a la entrada de la ciudad él encontró a Oseas, quien iba cargado de pan para llevarlo a los trabajadores en la viña de su amo.

            Habiéndola reconocido, Ageo dijo: "Hijo, ¿cómo es que has abandonado a tu anciano padre, el cual te busca lamentándose?".

            Oseas contestó: "Padre, fui vendido".            Entonces dijo Ageo enojado: "Que Dios te perdona, oh padre mío; porque el que me vendió es tan bueno que si él no estuviera en el mundo nadie podría llegar a ser santo".

            "¿Quién, entonces, es él?", dijo Ageo.            Oseas respondió: "Oh padre mío, fue el libro de Moisés".

            Entonces el buen Ageo quedó como fuera de sí mismo, y dijo: "¡Quiera Dios, hijo mío, que el libro de Moisés me vendiera a mi también con todos mis hijos, tal como te vendí a ti!".

            Y Ageo fue con Oseas a la casa de su amo, el cual, cuando vio a Ageo, dijo: "Bendito sea nuestro Dios, Quien envió Su Profeta a mi casa"; y él corrió a besarle la mano. Entonces dijo Ageo: "Hermano, besa la mano de tu esclavo al que compraste, porque él es mejor que yo". Y él le narró todo lo que había pasado; así que el amo le dio la libertad a Oseas.

            Y eso es todo lo que tú quisiste (que te contará), oh maestro>>, dijo el escriba.




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