CAPÍTULO 191

            El escriba entonces dijo: <<Perdóname, oh maestro, porque he pecado>>.

            Dijo Jesús: <<Que Dios te perdone; porque contra El pecaste>>.

           Entonces dijo el escriba: <<Yo he visto un libro antiguo escrito por mano de Moisés y de Josué (el que hizo detenerse el sol como tú lo has hecho), siervos y Profetas de Dios, y dicho libro es el verdadero libro de Moisés. Allí está escrito que Ismael es el padre del Mesías, e Isaac el padre del mensajero de Mesías. Y así decía el libro, que dijo Moisés: "Señor Dios de Israel, Poderoso y Misericordioso, manifiesta a Tu siervo el esplendor de Tu Gloria". Así que entonces Dios le mostró a Su Mensajero en brazos de Ismael, y a Ismael en brazos de Abraham. Cerca de Ismael estaba Isaac, en cuyos brazos había un niño, quien con su dedo apuntaba al Mensajero de Dios, diciendo: "Ese es para el cual Dios creó todas las cosas".

            Entonces Moisés gritó con alegría: "¡Oh Ismael, tú tienes en tus brazos a todo el mundo, y el Paraíso! Acuérdate de mi, siervo de Dios, para que yo halle gracia a la vista de Dios por medio de tu hijo, para el cual Dios hizo todo".     

CAPÍTULO 192

            En este libro no se encuentra que Dios coma la carne de las reses u ovejas; en ese libro no se encuentra que Dios haya limitado Su Misericordia solamente a Isaac, sino más bien que Dios tiene misericordia de todo hombres que busque a Dios su Creador sinceramente.

            Todo ese libro yo no pude leer, debido al sumo sacerdote, en cuya biblioteca estaba yo, el cual me lo prohibió, diciendo que un israelita lo había escrito>>.

            Entonces dijo: Jesús: <<Ten cuidado de no volver a retener la verdad, porque en la fe del Mesías Dios dará la salvación a los hombres, y sin ella nadie será salvado>>.

            Y entonces terminó Jesús su discurso. Entonces, cuando ellos estaban sentados a la mesa, he aquí que María, la que lloró a los pies de Jesús, entró a la casa de Nicodemo (ya que ése era el nombre del escriba), y llorando se puso a los pies de Jesús, diciendo: <<Señor, tu sierva, que a través de ti encontró misericordia con Dios, tiene una hermana, y un hermano que ahora yace enfermo en peligro de muerte>>.

            Jesús contestó: <<¿Dónde está tu casa? Dime, ya que yo iré a rezar a Dios por la salud de él>>.

            María respondió: <<Betania es (el hobar) de mi hermano y mi hermana, ya que mi propia casa está en Magdala: mi hermano, por lo tanto, está en Betania>>.

            Dijo Jesús a la mujer: <<Ve tú inmediatamente a la casa de tu hermano, y espérame allí, ya que yo acudiré a curarlo. Y no temas, ya que él no morirá>>.

            La mujer partió, y habiendo llegado a Betania encontró que su hermano había muerto ese día, así que lo tendieron en el sepulcro de sus padres.




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