del daño que he dicho. Pero Jerusalén llora por su ruina y no por haberme deshonrado, pro lo que ella ha blasfemado Mi nombre entre las naciones. Por lo tanto es MI Furia encendida mucho más. Como que Yo vivo eternamente, si Job, Abraham, Samuel, David y Daniel, Mis siervos, con Moisés, rogasen por gesta gente, Mi Ira sobre Jerusalén no sería aplacada">>.

            Y habiendo dicho esto, Jesús se retiró entrando a la casa, mientras que todos se quedaron atemorizados.

CAPÍTULO 205  

            Mientras que Jesús cenaba con sus discípulos en la casa de Simón el leproso, he aquí que María la hermana de Lázaro entró a la casa y, habiendo roto el sello de un recipiente, vertió perfume sobre la cabeza y ropas de Jesús. Al ver esto, Judas el traidor quiso impedir a María que hiciese tal cosa, diciendo: ve y vende el perfume y Tráeme el dinero para que yo pueda darlo a los pobres?.

            Dijo Jesús: Por qué le impides que lo haga? Déjala en paz, porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mí no tendréis siempre.Judas contestó: Oh maestro, este perfume podría haber sido vendido por 300 monedas; mira entonces cuántas gentes pobres podrían haber ayudado.

            Jesús respondió: Oh Judas, yo conozco tu corazón: ten paciencia por lo tanto, y yo te daré todo.Todos comían con temor, y los discípulos estaban afligidos, porque ellos supieron que Jesús debería partir pronto de ellos. Pero Judas estaba indignado porque él sabía que estaba perdiendo 30 monedas por el perfume no vendido, ya que él robaba la décima parte de todo lo que le daban a Jesús.

            El fue a encontrarse con el Sumo sacerdote, quien estaba reunido con un gran número de sacerdotes, escribas y fariseos: a quienes Judas habló, diciendo: Qué me daréis, si yo entrego en vuestras manos a Jesús, el que quiere hacerse rey de Israel?.

            Ellos contestaron: Cómo lo vas a entregar en nuestras manos?.Dijo Judas: Cuando yo sepa que él sale de la ciudad a rezar os lo diré, y os conduciré al lugar donde él se encuentre; ya que aprehenderlo en la ciudad sería imposible sin disturbios.El sumo sacerdote respondió: Si tú lo entregas en nuestras manos, nosotros te daremos 30 monedas de oro, y tú verás qué bien te trataremos.

CAPÍTULO 206

            Cuando el día llegó, Jesús subió al templo con una gran multitud de gente. Entonces el sumo sacerdote se acercó a él, diciendo: Dime, oh Jesús, has olvidado todo lo que confesaste de que tú no eres Dios, ni hijo de Dios, ni siquiera el Mesías?.

            Jesús respondió: Claro que no, yo no lo he olvidado; porque ésta es mi confesión la cual diré ante el juicio de Dios en el día del juicio. Porque todo lo que está escrito en el libro de Moisés es ciertísimo, tanto que como solo Dios nuestro  Creador es Dios, y yo soy el siervo de Dios y deseo servir al mensajero de Dios a quien vosotros llamáis Mesías.

            Dijo el sumo sacerdote: Entonces por qué vienes al templo con una multitud tan grande?, buscas, acaso, hacerte rey de Israel? ten cuidado, o de lo contrario algún peligro podría caerte. Jesús contestó: Si yo buscara mi propia gloria y deseara mi porción en este mundo, yo no habría huido
 

390