CAPÍTULO 215

            Cuando los soldados con Judas se acercaban al lugar donde estaba Jesús, Jesús oyó que mucha gente se acercaba, así que con temor se retiró adentro de la casa. Y los once estaban dormidos.

            Entonces Dios, viendo el peligro de su siervo, ordenó a Gabriel, Rafael y Uriel, Sus ministros, que sacaran a Jesús del mundo.

            Los santos ángeles vinieron y sacaron a Jesús por la ventana que da hacia el Sur. Ellos lo cargaron y lo pusieron en el tercer cielo en la compañía de los ángeles bendiciendo a Dios por siempre.

CAPÍTULO 216

            Judas entró impetuosamente antes que todos en el cuarto donde Jesús había sido llevado. Y los discípulos estaban dormidos.

            Entonces el Dios Magnífico actúo maravillosamente, de manera tal que Judas fue cambiado en voz y cara para ser como Jesús que todos creímos que él era Jesús. Y él, habiéndonos despertado, preguntaba a donde estaba el Maestro. Así que nos extrañó, y contestamos: Tú, Señor, eres nuestro maestro; nos ha olvidado ahora?.

            Y él sonriendo, decía: Ahora sois tontos, que no me reconocéis que soy Judas Iscariote.Y cuando él estaba diciendo esto los soldados entraron, y pusieron sus manos sobre Judas, ya que él era en todo semejante a Jesús.

            Nosotros, habiendo oído lo que Judas dijo, y viendo la multitud de soldados, escapamos como fuera de nosotros.

            Y Juan, que estaba envuelto en una tela de lino, despertó y huyó, y cuando un soldado lo agarró por la tela, él dejó la sábana y huyó desnudo. Porque Dios escuchó la oración de Jesús, y salvó del mal a los once.

CAPÍTULO 217

            Los soldados tomaron a Judas y lo ataron, no sin burla. Ya que él verazmente negaba que él fuera Jesús; y los soldados burlándose de él, decían: Señor, no temas, ya que nosotros venimos a hacerte rey de Israel, y te hemos amarrado ya que sabemos que tú rechazas el reino.

            Judas contestó: Ahora habéis perdido nuestros sentidos, habéis venido a aprehender a Jesús de Nazaret, con armas y linternas como contra un ladrón; y vosotros me habéis atado a mí que os he conducido, para hacerme rey.

            Entonces los soldados perdieron la paciencia, y con golpes y puntapiés empezaron a arrastrar a Judas, y ellos lo llevaron con furia a Jerusalén.

            Juan y Pedro seguían a los soldados desde lejos; y ellos le afirmaron al que escribe que ellos vieron todo el examen de Jesús que fue hecho por el sumo sacerdote, y por el sanedrín de los fariseos, que se habían reunido para condenar a Jesús a muerte. Entonces Judas habló muchas


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