Cuando él oyó esto el gobernador se maravilló mucho, así que él quiso ponerlo en libertad.

            El gobernador por lo tanto salió, y sonriendo dijo: En un caso, al menos, este hombre no es merecedor de muerte, sino más bien de compasión. Este hombre, dijo el gobernador, dice que él no es Jesús, y él dice que Jesús el Galileo lo transformó así por medio de su arte mágico. Así que, si esto es cierto, sería un gran error matarlo, ya que él es inocente. Pero si él es Jesús y niega que él es, ciertamente él ha perdido su entendimiento, y sería impío matar a un loco.

            Entonces los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, con los escribas y fariseos, gritaron diciendo: El es Jesús de Nazarert, ya que nosotros lo conocemos; ya que si él no fuera el malhechor nosotros no lo habíamos puesto en tus manos. Ni está él loco, sino más bien es maligno, ya que con este truco él intentó escapar de nuestras manos, y la sedición que él provocaría si escapara sería peor que la anterior.

            Pilato, ya que este era el nombre del gobernador, para deshacerse de ese caso dijo: El es un galileo, y Herodes es rey de Galilea; así que no me corresponde juzgar este caso, llevádlo entonces a Herodes.

            Entonces ellos llevaron a Judas ante Herodes, el cual desde hacía mucho tiempo quería que Jesús fuera a su casa. Pero Jesús nunca había querido ir a su casa, porque Herodes era un Gentil, y adoraba los Dioses falsos y mentirosos, viviendo a la manera de los impuros Gentiles.

            Ahora cuando Judas fue llevado allí, Herodes le preguntó muchas cosas, a las cuales judas dio respuestas que no venían al caso, negando que él fuera Jesús.

            Entonces Herodes se burló de él, con toda su corte, e hizo que fuera vestido de blanco como se viste a los tontos, y lo envío de regreso a Pilato, diciéndole: No dejes de hacer justicia al pueblo de Israel.

            Y esto Herodes escribió, porque los jefes de los sacerdotes y los escribas y fariseos le habían dado una buena cantidad de dinero. Habiendo oído el gobernador de un sirviente de Herodes que esto fue así, para poder él también ganar algo de dinero, fingió que quería dejar a Judas en libertad. Así que lo hizo azotar por sus esclavos, los cuales habían sido pagados por los escribas para matarlo con los azotes. Pero Dios, Quien había decretado todo, reservaba a Judas para la cruz, para que él sufriera la horrible muerte para la cual él había vendido a otro.

            El no permitió que Judas muriera por los azotes , no obstante que los soldados lo azotaron tan gravemente que su cuerpo estaba empapado en sangre. Entonces, burlándose ellos lo vistieron con un viejo manto púrpura, diciendo: Es adecuado a nuestro nuevo rey que lo vistamos y lo coronemos; así que ellos reunieron espinas e hicieron una corona, como las de oro y piedras preciosas que usan los reyes sobre la cabeza. Y esta corona de espinas la colocaron ellos sobre la cabeza de Judas, poniendo en su mano una caña como cetro, y lo hicieron sentarse en un lugar alto. Y los soldados venían ante él, inclinándose en burla, saludándolo como rey de los judíos. Y ellos estiraban la mano como para recibir regalos, de los que los nuevos reyes acostumbraban a dar, y al no recibir nada golpeaban a Jesús diciendo: Ahora.¿ Cómo eres tú coronado, rey tonto, si no pagas a tus soldados y tus sirvientes?.

            Los jefes de los sacerdotes con los escribas y fariseos, viendo que Judas no murió por los azotes, y temiendo que Pilato fuese a liberarlo, hicieron un regalo de dinero al gobernador; el cual, habiéndolo recibido, entregó a Judas a los escribas y fariseos como reo de muerte.


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