Entonces ellos condenaron a dos ladrones junto con él a la muerte en la cruz.

            Así que ellos lo condujeron al Monte Calvario, donde ellos solían colgar a los malhechores, y allí lo crucificaron desnudo, para mayor ignominia.

            Judas en verdad no hacía más que gritar: Dios ¿Por qué me has abandonado, viendo que el malhechor ha escapado y yo muero injustamente?.

            Verdaderamente digo que la voz, la cara, y la persona de Judas eran tan similares a Jesús, que sus discípulos y creyentes creyeron completamente que él era Jesús; así que algunos se apartaron de la doctrina de Jesús, creyendo que Jesús había sido un falso Profeta, y que por artes mágicas él había hecho los milagros que hizo, ya que Jesús habría dicho que él no habría de morir sino hasta cerca del fin del mundo; ya que en este tiempo él sería llevado del mundo.

            Pero los que permanecían firmes en la doctrina de Jesús estaban tan afligidos de pena, viendo morir al que era enteramente como Jesús, que ellos no recordaron lo que Jesús había dicho. Y así en compañía con la madre de Jesús ellos fueron al Monte Calvario, y no sólo estuvieron presentes en la muerte de Judas, llorando continuamente, sino que por medio de Nicodemo y José de Arimatea ellos obtuvieron del gobernador el cuerpo de Judas para sepultarlo. Así que, ellos lo bajaron de la cruz con tanto llanto que seguramente nadie podría creerlo, y lo sepultaron. En el nuevo sepulcro de José; habiéndolo envuelto en cien de ungüentos preciosos.

CAPÍTULO 218

            Entonces cada hombre regresó a su casa. El que escribe, con Juan y Santiago su hermano, fueron a Nazaret con la madre de Jesús.

            Aquellos discípulos que no temían a Dios fueron de noche y robaron el cuerpo de Judas y lo escondieron, extendiendo un rumor de que Jesús había resucitado; de lo cual surgió gran confusión. El sumo sacerdote entonces ordenó, bajo pena de anatema, que nadie hablara de Jesús de Nazaret. Y así surgió una gran persecución, y muchos fueron lapidados y muchos azotados, y muchos exiliados del país, porque ellos no se callaban sobre ese asunto.

            Llegaron a Nazaret las noticias de que Jesús, su conciudadano, habiendo muerto en la cruz había resucitado. Entonces, el que escribe le rogó a la madre de Jesús que se alegrase y dejase de llorar, ya que su hijo había resucitado. Al oír esto, la virgen María, llorando, dijo: Vayamos a Jerusalén a encontrar a mi hijo. Moriré contenta cuando lo haya visto.

CAPÍTULO 219

            La virgen regresó a Jerusalén con el que escribe, y Santiago y Juan, en el día en que el decreto del sumo sacerdote fue emitido.

            Así que, la Virgen, que temía a Dios, aunque ella sabía que el decreto del sumo sacerdote era injusto, ordenó a los que vivían con ella que olvidaran a su hijo. Entonces, como fue afectado cada uno! Dios, Quien conoce el corazón de los hombres , sabe que entre la pena por la muerte de Judas, a quien creíamos que Jesús era nuestro maestro, y el deseo de verlo levantado de nuevo, nosotros con la madre de Jesús, nos consumíamos.




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